Cuando Sarah Kosta comenzó a enamorarse de la orfebrería nunca imaginó que lo iba a terminar haciendo de forma profesional. Empezó hace 12 años como un hobbie, impulsada por su hija, Valentina, que en ese momento cursaba diseño de moda. Ante la insistencia de Sarah, que la motivaba a que haga una  especialización en joyería, finalmente ella le contestó “¿por qué no lo hacés vos?”.

Al principio iba una vez por semana a un taller, luego dos. Su profesor le decía que tenía un talento natural para la tarea, pero seguía siendo un pasatiempos. Finalmente terminó por convertirse en su prioridad, lo que la llevó a alejarse del mundo de las finanzas, que hasta el momento había sido su profesión. “Esto me encontró a mí, yo no lo busqué”, cuenta.

“A mí me apasionan las cosas buenas de la vida. Siempre digo que soy una disfrutadora, trato de vivir la vida. Hay que ser fiel a las cosas que te gustan. Yo estoy en una etapa muy madura de mi vida, ya tuve muchos ensayos y errores, aciertos y desaciertos. Esto me agarra en un momento especialmente bueno a nivel personal, como orfebre y como empresaria”.

Foto: Cortesía Sarah Kosta.
Foto: Cortesía Sarah Kosta.

Noche de gala #iris2016 acompañando a @vzangaro con nuestras joyas #sarahkosta

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Para dedicarse a tiempo completo a las joyas, primero tuvo que convertirse en artesana. Aprendió a manejar piezas muy pequeñas, a cortar, martillar, soldar y fundir: destrezas que normalmente se asocian al género masculino. “La orfebrería es un negocio más de hombres que de mujeres, por las herramientas que usas: sierras, martillos, cinceles. Así juegan los varones de chicos, a nosotras no nos enseñan eso. De las cosas que más disfruto es trabajar con fuego. Es un goce alquímico”.

Así sus clientes dejaron de ser amigos y conocidos y hoy Sarah Kosta es una empresa que va más allá de la diseñadora: tiene un equipo de trabajo de seis personas, un acogedor atelier, dos talleres, un shop online, una colección con Rotunda y además vende en el exterior (en tiendas de Londres y en Nueva York). Para cada temporada desarrolla colecciones con inspiraciones claras que incluyen collares, anillos, caravanas, pulseras y hasta tocados. Por ejemplo, su última colección, Afrodita, está inspirada en la arquitectura ergonómica. También crea a medida, transformando las ideas de sus clientes en piezas increíbles y generando joyas únicas.

Anillos de la última colección de Sarah Kosta. Foto: Sarah Kosta.
Anillos de la última colección de Sarah Kosta. Foto: Sarah Kosta.
Rotunda by Sarah Kosta. Foto: Rotunda.
Rotunda by Sarah Kosta. Foto: Rotunda.

Y hablando con ella es sencillo intuir dónde están las claves de su éxito: pasión, diseños hermosos, buenas materias primas y atención al cliente. En Uruguay -donde la experiencia de compra no suele ser agradable- encontrar un lugar cálido, atendido por la diseñadora, que se toma el tiempo de escuchar lo que querés y transformarlo en un objeto hermoso, no es algo que suceda muy a menudo.

“Intento dar lo que me gustaría recibir. Si voy a un lugar, ¿cómo me gustaría que me traten? Eso para mí es vital en mi empresa. Además, el que compra una vez, compra siempre acá, entonces tiene que estar satisfecho. Visitar mi atelier es un lujo posible y yo trato igual al que gasta 100 que al que gasta 100.000″, cuenta y agrega: “me gusta adaptarme al presupuesto de mis clientes y no empujarlos a hacer lo que no pueden, porque la gente se entusiasma mucho cuando va a hacer una joya”.

Piezas de la última colección de Sarah Kosta. Foto: Sarah Kosta.
Piezas de la última colección de Sarah Kosta. Foto: Sarah Kosta.
Foto: Sarah Kosta.
Foto: Sarah Kosta.

Además del valor del diseño, otro diferencial de Sarah Kosta es la calidad: no trabaja bijoux ni metales bajos. Por otro lado todas las piedras son naturales, los metales son fundidos en el taller de la empresa y las aleaciones -para crear oro blanco, por ejemplo- son con metales premium como el paladio.

Estamos en un momento donde el consumo de grandes volúmenes de prendas o joyas de mala calidad que veíamos en los 90 o principios de los 2000 terminó por saturar a un grupo de la sociedad, a la que los brillos del fast fashion ya no le atraen. Entonces, en lugar de buscar precios bajos y cantidades, buscan calidad, diseños únicos y experiencia de compra. Sobre todo en el caso de los que compran para una ocasión especial, como el casamiento. A ellos les habla Sarah Kosta: “Yo hago joyas para que puedan ser heredadas”.