Todos viajamos alguna vez y todos tenemos nuestras propias ideas de cómo se hace mejor, ya sea por tierra, aire o mar. Estas son las mías, tampoco es que manejo información clasificada, pero son mis aprendizajes como viajera y, en una de esas, suman a lo que ya saben o quién dice, abren una inquietud aventurera imparable.

Comprar los vuelos

Chequeo Skyscanner porque me sirve para comparar precios, horarios y compañías aéreas. Una vez que elijo la opción que más me cierra, voy y le compro directo a la aerolínea; perdón Skyscanner pero prefiero no tener intermediarios.

No soy para nada canchera con el tema de millas, de hecho muchas veces pierdo la clave de la cuenta de la aerolínea y ni siquiera se me acreditan. Esto lo hago así no porque no me interese ahorrar, sino porque entre que busco o pido que blanqueen la clave y demás, puede que me quede sin pasaje o que cambie el precio. Bueno, también me pasa esto por desorganizada, digamos todo.

Siempre que las fechas me lo permiten elijo lunes, martes o miércoles para tomar el vuelo porque suelen ser días más baratos. Evito a toda costa viajar a horarios imposibles, como esos para los que hay que levantarse a las tres de la madrugada. Prefiero salir después de dormir al menos hasta las siete de la mañana porque en general, una vez que llego a destino ya salgo a pasear. No está bueno arrancar un viaje sin pilas, vagando como un zombie; es un desperdicio.

Armar la valija

El día que escuché y guglié el nombre de Marie Kondo mi vida viajera cambió para siempre. No más apilar ropa, ahora la doblo con su técnica y acomodo todo como muestra ella misma acá y veo todo lo que tengo en la valija cuando la abro. Ya no viajo con mil cosas porque aprendí a optimizar después de decenas de veces de volver con más de medio equipaje sin tocar; no me interesa, además, tener mil looks distintos; no me someto a la tiranía de las redes sociales, sorry not sorry. Una vez empecé a leer su libro y me pareció bueno pero también muy repetitivo y muy blah pero lo de doblar la ropa es una maravilla que se puede encontrar en Youtube; gracias Marie Kondo por hacernos la vida más simple.

Foto: Stocksy/Daniel Kim.

Para viajes cortos es muy fácil armar una valija de cabina (cada aerolínea tiene sus exigencias de medidas, las podés consultar acá) y si es encima es con ropa de verano se resuelve mientras pestañeás y te tomás un tecito; se complica cuando no querés andar cargado ni pagar por despachar y el viaje es en invierno. El más largo que hice sólo con una maleta de mano, fue de 18 días en el inicio del otoño europeo, el año pasado. Sobreviví, pero fue fundamental parar en un Airbnb con lavarropas.

Me manejo sobre todo con básicos de algodón (remeras y camisetas), dos pares de jeans y uno de jogging, dos sweaters a la valija y uno grueso para el viaje (no sé ustedes pero me muero de frío en los aviones). Bufanda, medias, ropa interior y mi neceser con cremas y cosméticos. Y si me sobra espacio, además del abrigo que llevo puesto, agrego uno extra.

Empieza la aventura

Hay que estudiar la logística del traslado y estar atento a causas excepcionales: huelgas, carreras, días festivos. Tener en cuenta que también influyen las horas pico, aunque en general, no hay problema si vas en tren o en metro. Si es en bus, dentro de las fronteras de la ciudad, que es donde suele haber posibilidades de retraso por tráfico, hay carriles exclusivos y no es tan dramático. Google Maps es un aliado fantástico para calcular cuánto nos va a llevar dependiendo del horario.

Neuschwanstein Castle
Graffiti de la artista argentina Caro Pepe en Berlín.

En el aeropuerto

Para vuelos internacionales que requieren hacer el paso por migraciones, está bueno llegar tres horas antes si despachás equipaje, y dos y media antes si vas con maleta de mano solamente. Los vuelos dentro de la Unión Europea requieren menos tiempo: en general, si despachás valija, con que estés en las dos horas previas del vuelo está bien, y si vas sólo con equipaje de mano con una hora y media de margen vas sobrado de tiempo para tomar un cafecito incluso.

Voy a hablar de los vuelos domésticos dentro de la Unión Europea porque es lo que tengo más claro. Si usás una aerolínea low-cost, lo normal es que publiquen la puerta 40 minutos antes de la partida del vuelo, lo que significa que casi que al mismo tiempo que te enterás por alguna de las pantallas, tenés que volar a la puerta porque empieza el embarque; igual no es tan estresante como suena porque ya en el billete dice por cuál zona del aeropuerto tenés que estar para esa hora.

Foto: Unsplash.

Pero primero hay que pasar la seguridad. La fila de seguridad es estresante para muchos (me incluyo) porque requiere rapidez y para eso hay que prever algunas cuestiones: ese día no hay que ponerse cinturón porque hay que sacárselo, tampoco mucha bijouterie porque es muy probable que dispare la alarma de metales. Si llevás calzado con plataforma o taco cuadrado, te lo vas a tener que sacar. Lo mismo si llevás botas altas.

Al abrigo hay que dejarlo dentro de una bandeja en la cinta también. La cartera o mochila lo mismo. En el bolsillo exterior de la maleta de mano pongo la computadora y el iPad para poder sacarlos y devolverlos rápido cuando pasan el escáner, porque no me curé con los años y sigo teniendo miedo de que me roben ahí, un pensamiento bastante irracional porque sería muy jugado que alguien agarre algo que no es suyo en ese momento, pero ahí está la idea dando vueltas, sin embargo. El teléfono móvil siempre lo dejo donde esté (ya sea en lo que llevo de abrigo o en la cartera). Otra cosa importante: todo envase de líquido tiene que tener menos de 100 ml y estar adentro de una Ziploc. A esta bolsita hay que ponerla también a la vista, por eso tiene que estar al alcance.

Hacer o no hacer fila

Habrá quienes digan que no hay que hacerla. Pero créanme, si entrás entre los últimos de tu grupo te pueden sacar la valija y ponerla en la bodega (con todos los nervios que implica viajar separado de ella si tenés cosas de valor o que se pueden aplastar o romper). En general dividen a los pasajeros en “priority” y “general boarding”. A este último grupo, a su vez, lo dividen en dos, separando a los que viajan de la mitad para atrás del avión, que entra primero, de los que viajan de la mitad para adelante, que entran últimos.

Cuanto más adelante en la fila de tu grupo estés, además, más chances de poner la valija en el compartimento que te corresponde arriba del asiento. Son detalles que si vas con tiempo capaz te dan igual, pero si tenés que combinar vuelos y el avión viene retrasado y tu valija no está cerca tuyo, o peor, te la bajaron a la bodega, podés perder minutos valiosos.

Manhattan vista desde Roosevelt Island
Asheville

En el destino

Una cosa que aprendí viviendo en Barcelona desde hace cuatro años, es que la mayoría de los consejos que dan blogs, amigos o conocidos sobre esta ciudad en especial, no son de lo mejor siempre. Lo repetido de lo repetido, cuando es una verdadera responsabilidad recomendar porque viajar nos significa un esfuerzo económico y de tiempo a todos. Mi estrategia es pedir datos a aquellos con criterio probado, es decir, priorizo piquecitos de insider, de alguien que vive o vivió y puede diferenciar, por ejemplo, un restaurant trampa para turistas de uno que no lo es. También a personas que realmente viajaron bastante y tienen ojo avizor. Es como todo: la primera vez que hacés algo sabés poco, la vez número diez sabés un montón más.

Una vez que llego al lugar al que voy, dejo todo en el hotel o airbnb y me lanzo a caminar como una bestia para aprovechar el tiempo. Uso una aplicación hace años que se llama MOVES que guarda el registro de tu recorrido diario y te dice cuántos kilómetros caminaste, corriste o anduviste en bici. Incluso te tira los tiempos de transporte y las localizaciones aproximadas de los lugares donde te detenés (se puede editar para tener con exactitud el nombre de un restaurant, por ejemplo).

No uso casi nunca transporte público, hago todo caminando porque siento que es la verdadera forma de conocer y además, digamos la verdad, los lugares puramente turísticos de una ciudad, están en miles de imágenes en Google, en cambio todo lo que hay en el medio entre ellos, está menos spoileado y por lo tanto es más sorprendente.

Ya tengo tan integrado a mi vida esto de viajar que puede que haya pasado cosas de largo o que incluso, haya cometido el pecado de decir cosas muy obvias, en todo caso, siempre estoy dispuesta y atenta a que me pidan datos. Me encuentran en Twitter y en Instagram. ¡Hasta pronto!

Barcelona vista desde la terraza del hotel Barceló Raval