Foto: Atelier Doré.

¿Por qué nos cuesta tanto a los que nos criamos y crecimos en la cultura rioplatense usar sombreros o mínimo no mirar como si fuera un bicho raro al que lo usa? No a todos les pasa, por supuesto. Muchas personas tienen integrado este ítem a sus looks, ya sea por una cuestión de gusto o por una cuestión de que conocen muy bien el deterioro que le provoca a la piel de la cara el sol, y otros tantos ven a alguien con uno puesto y ni se inmutan.

Fui casi toda mi vida del team prejuicio. “Ay, se pone sombrero para llamar la atención”, como si eso fuera algo malo (el que no trata, de alguna manera, de llamar la atención, no pertenece a este planeta probablemente). Ahora, al fin, entiendo que usar uno es una expresión personal que es más admirable todavía, porque hay que tener el temple de acero para soportar miradas bobas como las que mi yo del pasado hacía.

No voy a poder contestar a la pregunta que abre la nota porque no soy socióloga y seguro que hacerlo llevaría al menos un par de años de investigación, pero sí puedo reflejar que a veces al ítem de moda más resistido, se llega por caminos insospechados.

Desde hace ya varios años se me instaló la obsesión por cuidarme del sol y desde el primer momento en que noté que me estaba perjudicando, no hubo vuelta atrás. Todos los días, en algún punto, mis actividades intentan ir sincronizadas de forma tal de evitar la luz solar todo lo que pueda; y si no queda otra, hago uso y abuso del protector (amo el Isdin Fusion Water SPF50 porque queda imperceptible). Así y todo, aún reponiéndolo cada dos o tres horas, muchas veces vuelvo con la cara enrojecida.

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Más que un ítem de moda

Es cierto que la moda ayuda a que incorporemos ítems que antes no hubiéramos usado ni locos. De tanto mirar revistas, cuentas de Instagram o páginas web, vamos acostumbrando el ojo y, si vemos que en nuestro entorno se empieza a usar algo, ya no nos sentimos tan solos y , por imitación, adoptamos la nueva tendencia. La de los sombreros tuvo desde siempre un revival anual en las publicaciones especializadas, sobre todo cerca del verano; pero hoy, influencers mediante, nos llegan ideas de cómo adaptarlos todo el año.

Durante unas vacaciones playeras en 2016 (algo que hago muy excepcionalmente y solo si es un plan más de estilo grupal), me compré un sombrero tejido de algodón de ala ancha en J. Crew. Como nos pasa a muchos, al volver de ese viaje le encontré un lugar en el placard y no lo volví a mover de ahí.

Este año decidí que basta de evitar lo inevitable y busqué la forma de incorporar este accesorio necesario a mi vida. Me saqué de cuajo la mirada prejuiciosa sobre los demás primero y ahora, en pos de mi necesidad de cuidarme del sol, trabajo para arrancarme el pudor que me da usarlos porque, ante todo, me gusta ser pragmática en la vida (o al menos me gusta creer que lo soy).

Le di bastantes vueltas al tema porque no es lo mismo usar un sombrero en la ciudad que en la playa. En la playa es casi obligado, en la ciudad hay que pegarle al estilo para que encaje todo el look. Entonces pensé que con el estilo que siempre me sentí cómoda, es con la gorra de visera, de hecho nunca dejé de usarlas para ir a correr o a caminar en los días de sol.

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Googleé todo lo que pude hasta que di con lo que me pareció ideal para empezar y de a poco desplazarme hacia otros estilos: el sombrero de visera pero tejido en papel. Un mix entre lo deportivo y lo elegante que no iba a ser fácil de conseguir porque estuve buscando en todas las marcas que se me ocurrieron y el único que encontré fue este de & Other Stories.

Gorra & Other stories.

Cuando no esperabas resolver el tema tan rápido pero sucede

Hace un par de fines de semana, sabiendo que tenía que escribir esta nota, dio la ¿casualidad?, mientras domingueaba con dos amigas, que nos cruzamos con una de las casas que mejor surtido de sombreros tiene en Barcelona: Up Headwear en el Born. De hecho, hace dos meses subí una foto a Instagram y ahora veo que ya en ese momento dije “tengo que entrar y buscar un buen sombrero para protegerme del sol”. Así que entramos, probé varios, pero no me encontraba con ninguno –aunque las chicas me decían ¡te quedan bien!–. Hasta que una de ellas me llamó del fondo de la tienda (es enorme y tiene estantes hasta el techo, llenos de sombreros de todo tipo y calidad) y me dijo “capaz esto es lo que necesitás para ir acostumbrándote”. ¿Saben qué? Dio con lo que buscaba. Ahí estaba la gorra de visera ideal color bordó tejida en papel. Me la puse una vez que salimos de la tienda (igual mi saboteadora interna siguió sintiéndose ridícula) y no me la saqué hasta que volví varias horas después a mi casa.

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Ahora me queda un desafío que es integrar a mi forma de vestir esta gorra y viceversa. Algunos me dijeron que usar este accesorio es un camino de ida. Se abren preguntas, por supuesto: ¿La usaré seguido? ¿Será una verdadera transición hacia sombreros de alas más grandes que me cubran mejor del sol o le voy a tener que buscar un lugar en el placard junto al sombrero de J. Crew? Está por verse.

Mientras, por si están en la misma senda que yo, les dejo un dato que me pasaron: la marca Made in Chola que está en Palermo y que también se consigue en Panorama Store, hace sombreros muy lindos y de buena calidad. Y para los que ya la transitaron y quieran adentrarnos en este noble universo, les encargo la misión de aportarnos su experiencia así aprendemos dónde consiguen los suyos y en qué se centran respecto de forma, colores y materiales cuando se acercan a buscar uno nuevo.