Esta es mi primera Mirada Couture, por lo tanto corresponde una presentación. Me llamo Victoria Ricci, nací en Uruguay y ahí viví 26 años. Estudié Comunicación, Diseño, idiomas (y otras cosillas). Desde muy joven me reconozco fan de la moda, inquieta y autodidacta. Cuando tenía 15 años empecé a comprar telas y a cortar y coser mi propia ropa, porque como a muchos les debe haber pasado, sentía que el mercado local en ese entonces era escaso. Pero por sobre todas las cosas soy lectora. Leo permanentemente sobre todo, y a donde sea que viaje, debo comprar al menos una revista de moda, diseño o actualidad de ese lugar.

En un momento con mi pareja y nuestro perro (sí, él también decide), quisimos probar la vida en otro lugar. Así que resumimos nuestras vidas en cuatro valijas y partimos. Primero nos fuimos a Estocolmo pero hace ya cuatro años que llegamos a Berlín, donde encontramos nuestro hogar. Y es desde acá que hoy les escribo.

Cuando nos estábamos por mudar a Berlín y buscábamos apartamento, recuerdo que le dije a mi pareja: “En lo posible, que el edificio no esté todo graffiteado!” Antes de esto, sólo la habíamos conocido en un viaje de unos días de verano y el recuerdo que nos había quedado era el de una ciudad agobiante, inmensa, y distinta al resto de las ciudades que habíamos visto. A veces cuesta entender la cantidad de cosas que pasaron por las calles que uno camina. Ciertamente, la primera impresión que uno se lleva es que no es una ciudad encantadora. No es un pequeño pueblo del norte europeo con luces tintineantes y aroma a chocolate.

Berliner Fernsehturm Foto: Victoria Ricci

Berlín tiene una personalidad fuerte, un tanto tosca, que en la primavera y verano deja ver su cara más amable. No vive del qué dirán y no se deja intimidar por sus hermanas europeas. Características que definen y distinguen un estilo marcado por premisas simples y la multiplicidad de culturas. Porque qué es el estilo sino una constante conversación entre el mundo interno de uno y el mundo que nos rodea. Un modo de adaptación al medio en el que estamos inmersos. Es cultura y contracultura, y habla tanto de nuestra sociedad como de nosotros como individuos.

Estas son cosas que aprendí del estilo berliner:

1. Practicidad: Mochilas, zapatillas, capuchas. Todo tiene su sentido a la hora de salir de casa. Atravesar la ciudad en plataformas no es la mejor idea, porque probablemente lo hagas en transporte público, bicicleta o en parte caminando, o una combinación de las tres, y para eso no hay nada mejor que un calzado cómodo (léase zapatillas, sandalias, botas). Con esta premisa también hacen su aparición las mochilas, que dejan de ser exclusividad de los estudiantes para adoptar todas las formas, tamaños y colores. Yo misma tengo siempre la mochila preparada, y no la vuelvo a cambiar por una cartera. Hace de bolso de Mary Poppins, y deja los brazos libres. Inclusive, como si fuera una muñequita rusa, dentro de la mochila, se lleva otro “bolso”, una chismosa (o Market Bag), como complemento. Puede ocurrir que dentro de esta mochila se lleve también algo para la lluvia, porque en Berlín siempre puede llover (SIEMPRE). Y la lluvia no para a nadie, paraguas o poncho y se sigue el camino. Por eso es imprescindible que tu abrigo incluya una capucha. Parkas, hoodies, camperas, son moneda corriente. A veces un plan te lleva a otro, y no se sabe cuando volvés a tu casa.

Foto: fashionstrasse.tumblr.com

2. Desprejuicio: hay una regla básica, nadie se mete en la vida de nadie. Y esto se lleva a todos los aspectos de la vida. Incluido el aspecto físico. Situación común es, pasar por la peluquería, cambiar de corte, ir al otro día al trabajo y… nada. ¡Ni un comentario! Lo mismo si subiste o bajaste de peso, te hiciste un tatuaje nuevo o cualquier otra cosa. Nadie quiere meterse en eso, es parte de tu vida privada. Lo que para algunos puede ser un tanto decepcionante o incluso grosero, en realidad abre una puerta para atreverse hacer cosas que quizás, en otro contexto, no te atreverías. El resultado es multiforme.

Foto: fashionstrasse.tumblr.com

3. Effortless: Sabemos como funciona esto. La clave es parecer que no lo pensaste demasiado, que te levantaste, te pusiste lo primero con lo que te tropezaste y saliste. Aunque esta rutina pueda llevar en realidad una hora de preparación, de alguna forma se hace creer que es natural en uno. Y ese look casual y descontracturado se logra a base de prendas básicas, simples, unisex u oversized, pero con una gran pasión por los detalles, donde las remeras vintage (o bastante usadas) son las grandes joyas.

Foto: fashionstrasse.tumblr.com

4. Negro: Todos estos puntos quedan perfectamente resumidos en el color negro, que merece ser un punto aparte. El color negro es el que unifica el Berliner Style porque es la definición de la practicidad, de no pensar demasiado, al ser un color que es combinable con los demás colores, y con sí mismo, y a la vez lleva bien la transición del día a la noche. Es el gran exponente del menos es más. Es un color altamente connotado y significativo. Impone respeto y distancia, pero también es dramático y revolucionario. El negro da esa sensación de pertenencia a los berliners, y tarde o temprano te encuentra.

Foto: fashionstrasse.tumblr.com
Foto: fashionstrasse.tumblr.com

Queda claro que Berlín es una ciudad dónde todo vale y es bienvenido. Donde conviven un castillo del siglo XVII de la época prusiana, con la arquitectura soviética del Este, con las casas tomadas por comunidades punks y las grúas que trabajan sin parar construyendo nuevos edificios. Una ciudad que tiene distintos tiempos, que fue dividida en dos y que su reunificación todavía no cumple los 30 años. Pero Berlín es sin lugar a dudas grande, en historia, en tamaño y en futuro.

 

Esto es todo por esta vez. Desde acá estaré colaborando con Couture y compartiendo mi mirada. No duden en dejar un comentario/sugerencia.

Mientras, les dejo este “himno” a la ciudad.

Tschüss!