Desde nuestros inicios, Couture busca elevar a las mujeres, potenciándolas a través de la inspiración, la reflexión y la información e impulsándolas a que sean su mejor versión. Por eso, la asociación con Rotunda para crear una colección cápsula se dio con naturalidad. La sastrería es una de nuestras líneas favoritas de la marca, y, al mismo tiempo, el traje es una pieza emblemática del poder femenino y del nuevo rol que ocupa la mujer en la sociedad. Sin duda, el power suit sería el protagonista de la campaña. Luego pensamos qué concepto podía acompañar a la colección y nos inspiramos en las poderosas ilustraciones de Lucía Picerno y su proyecto badass femme.

Y así nace #NuevasReglas, nuestra colección cápsula con Rotunda. Las nuevas reglas tienen que ver con esta era en la que las mujeres tenemos una ganada libertad -que viene con derechos y también responsabilidades- para elegir qué queremos en relación a la maternidad, a la belleza, al trabajo y tantos otros temas. Para lanzar esta colección no quisimos ir por el camino habitual del after office y por eso propusimos un desayuno que actuara como espacio de reflexión, inspiración y escucha. El espacio elegido fue el Kitchen Studio de Sinergia Design, la actual casa de Couture, y la deliciosa comida estuvo a cargo La Petite Patisserie De Flor.

Para el panel convocamos a las cuatro mujeres referentes de distintas edades y perfile que protagonizaron la campaña. Caro Bañales es ingeniera, apenas pasa los 30 años y ya creó más de una empresa que compite a nivel global. La chef Irene Delponte, una rosarina en Montevideo, es una tuitstar militante feminista que dice exactamente lo que piensa sobre todos los temas -incluyendo el vínculo con sus hijos- e hizo su comida famosa gracias a las redes. Silvina Rocha, figura clave de la comunicación institucional empresarial, nos demuestra que ser mujer en un mundo esencialmente masculino no sólo no es impedimento para el desarrollo profesional, sino que puede servir para generar una hermandad. Charo Arocena, matriarca de 90 años, nos ilumina con su sabiduría, su perspectiva histórica, su rol en el ámbito laboral y su noción de libertad.

El resultado fue una charla emotiva que intentaremos reflejar a continuación.

Foto: Camila Montenegro.
Foto: Camila Montenegro.

Sobre el trabajo

Caro, ¿cómo es meterse en un mundo tan masculino como el de la ingeniería y la tecnología? ¿Tuviste que allanar caminos, quebrar “techos de cristal”?

Caro Bañales: Para mí lo que definió esa etapa fue la inconsciencia: estudié la carrera sin saber en qué me metía. Hablando de género, lo más complicado vino después, en los primeros años de ser emprendedora. Emprendí a los 24 años, dejando un trabajo muy estable en México, luego de que la ANII me diera US$ 20.000 de financiación. Volví para vivir de nuevo en la casa de mis padres, a no percibir un sueldo. No tenía idea de lo que era tener a 20 personas trabajando en el garage de mi casa. Esa etapa la pasé sobreviviendo.

Como emprendedora sí tuve más experiencias negativas con “el mundo de los hombres”. A veces sentís que las personas no ven lo que estás haciendo solo por tu apariencia, o en el caso de mi producto, que tenía una ingeniería súper complicada, solo porque era del rubro belleza. Cambiar un punto en el rostro podía implicar seis meses de trabajo y US$ 6.000, pero no les parecía importante. A los hombres hay que educarlos mucho en cuanto al “mundo de la mujer”, nosotras estamos más adaptadas a entenderlos a ellos. Mi aprendizaje al enfrentarme con el techo de cristal fue entender que a veces las reglas no las ponía yo, las ponía el otro. Había un inversor en Estados Unidos que yo quería que me asesorara, que viera el producto, que me presentara a ciertas personas. Pero él quería que tomáramos “drinks after dinner”, yo al principio me negué, pero él solo me proponía eso. Terminé aceptando pero durante los primeros cuatro encuentros no lograba nada, él siempre me invitaba a ir a bailar después y yo me negaba. Después de esa barrera dejó de invitarme a salir y empezó a abrirme puertas, me invitó a una clase que él daba en NYU. Se estableció una nueva regla, pero antes tuve que jugar con las suyas.

Irene, contanos de tu proyecto Santé, tu restaurante, en el que solo trabajan mujeres.  ¿Sentís que tenés una responsabilidad extra con tu equipo?

Irene Delponte: Yo era realizadora audiovisual y empecé a cocinar y a subir mis postres a las redes sociales. La gente empezó a pedirme para comprar y, como estaba un poco cansada de lo audiovisual, me metí en la escuela del Gato Dumas y empecé cocinando por encargo. Paralelamente, hace dos años se empezó a formar el grupo que hoy se llama Encuentro de Feministas Diversas, del que formo parte. Luego, cuando abrí el restaurante con Irene Schreiber, contratamos todas empleadas mujeres. Porque en el ámbito de la cocina en el mundo, y particularmente en Uruguay, los hombres son los que están siempre en los puestos más altos, las mujeres se limitan a ser ayudantes. Entonces, ellos tienen prioridad en todo el resto de los restaurantes, pero en Santé no. No están prohibidos los hombres, pero voy a intentar darle la oportunidad a las mujeres.

Incluso cuando se está en un ámbito laboral, los hombres te invitan a salir. Te dicen para organizar una cena en conjunto pero que antes “pases a tomar algo” y si decís que no, la cena queda en la nada. O cuando a un cliente le gusta la comida, felicita al chef. Los proveedores opinan de tu foto de whatsapp. Hay que reinventar las reglas todo el tiempo porque es un mundo muy complicado para ser mujer.

Caro Bañales. Foto: Camila Montenegro para Couture.

Silvina, desde tu experiencia en OMEU querría saber: ¿Cuáles son las cosas que le preocupan a las mujeres empresarias en el Uruguay? ¿Qué pasa con el tema dinero, que es considerado tabú?

Silvina Rocha: Respecto a tu primera pregunta te diría que una de las dudas más grandes de las emprendedoras es el apoyo económico, y la financiación para los emprendimientos, es algo que da mucho miedo, es difícil de conseguir. Desde la organización ayudamos a conocer las oportunidades que hay de financiamiento, como ANDE, la ANII, que tienen programas para que las mujeres puedan emprender.

Cuando me preguntan cómo me va en Quatromanos, me daría vergüenza tener préstamos que no podría pagar. La esencia de mi trabajo es que me vaya bien, es casi una obligación que me vaya bien, si dos años doy pérdida no le podría pagar a mis empleados, no podría sostener la empresa y dar el servicio que doy, cerraría las puertas. Es tan claro como eso.

El éxito profesional es hermoso, me encanta, lo disfruto pero sin el reconocimiento económico no sería viable vivir de lo que hago, básicamente una cosa de la mano de la otra. No me da vergüenza decir que me va bien y que viven 30 familias de lo que hago, todo lo contrario me enorgullece.

Charo, tuviste que salir a trabajar en un momento en que muchas mujeres no lo hacían y fundaste una empresa que hoy es familiar. ¿Sentiste un prejuicio? ¿Fue también un modo de salvación?

Charo Arocena: En el momento que estaba viviendo, estaba sola y no tenía dinero. Mi primer trabajo fue a los 40 años sin experiencia y sin ninguna formación, pero decidí formar una empresa de viandas con la ayuda de una amiga. Cuando pude trabajar me sentí reconfortada, era la primera vez que podía hacer algo sola, o con un poco de ayuda de mis hijos. Siempre pienso que también fue un ejemplo de vida que les di, no los aconsejé tanto sino que hice las cosas que tenía que hacer y creo que fue la mejor manera de educar a mis 5 hijos. Estoy muy conforme con lo que son.

Foto: Camila Montenegro para Couture.
Foto: Camila Montenegro para Couture.

Sobre la belleza

Silvina, sos una mujer muy hermosa ¿Cómo pesó eso en tu vida en general? ¿Con el paso de los años sentís la presión de mantenerte, de seguir siendo esa mujer increíblemente linda?

Silvina Rocha: Difícil la pregunta. Más que difícil de responder, difícil que no se malinterprete. Supe usar la belleza a mi favor. Siempre cuento que mi primer trabajo fue en canal 4 conduciendo el informativo. Supuestamente iban a hacer una selección muy estricta y solamente iban a tomar a gente muy capacitada, inteligente, brillante, una persona que supiera y que cumpliera. Fui a la entrevista y la persona que estaba haciendo la selección me miró y se rio, y no me preguntó más nada. Definitivamente, lo que le gustó fue mi aspecto físico y no le importó absolutamente más nada si era una burra o era brillante. Puedo decir que aproveché esa oportunidad que me dio la belleza que tenía a los 21 años, y seguí adelante, no me importó que nadie me hubiera preguntado nada, todo lo contrario, pensé “zafé de las preguntas difíciles”.

Después creo que fue mi habilidad la que me permitió permanecer en ese lugar muy masculino, un canal de televisión en que había habido solo dos mujeres conduciendo el informativo. Respecto a la segunda parte de la pregunta, creo que en esta parte de mi vida me está tocando ver muchas cosas desde otra óptica, disfrutar de la vida de otra manera. Tengo dos hijos grandes, de 24 y 16 años, estoy aprendiendo a disfrutar de una parte de la vida que no había podido hacerlo en otro momento. Que no me importe lo que piensen los demás, de si está bien o está mal, no tener miedo a  ser juzgada. Me gusta cuidarme, no hago ejercicio, pero me gusta comer saludable, ser coqueta. Es mi sueño seguir siendo coqueta, tener 70, 80, 90 años, ojalá que llegue y seguir cuidándome. Y en esta etapa disfrutar de los 50, que me dio la tranquilidad espiritual y emocional,  de que la estética no importa tanto como ser uno mismo, que una arruga más o menos no es lo que importa, sino que lo hermoso es lo de adentro hacia afuera.

Caro, desarrollaste una aplicación sobre belleza, ¿qué aprendiste sobre qué es lo que buscan las mujeres?

Caro Bañales: Para mí lo que está bueno es que las mujeres puedan jugar con el maquillaje a través de Glamst. Tal vez nunca se pondrían un labial verde, pero al ser realidad virtual se animan. Hoy en día se prueban más de 6 millones de tonos por mes en Estados Unidos. Creo que cuanto más segura está una, más se anima a experimentar y no le importa si le queda bien o no. Se dice que a lo largo de la vida de la mujer se gastan US$ 15.000 en belleza. Se dice que es el rubro que más ha crecido gracias a Instagram porque se está hablando más del tema, están apareciendo muchas empresas chicas que empiezan a competir con multinacionales porque las mujeres están buscando lo novedoso, la innovación. Se está redefiniendo el lujo. Antes, por ejemplo, lujo era packaging negro (pensemos en Chanel, por ejemplo) y hoy, de la mano de Glossier y Drunk Elephant, ahora es el blanco. También se está redefiniendo la belleza, que no va por el maquillaje o la ropa sino por la confianza en una misma.

Irene, ¿cómo cambió tu percepción de ti misma y tu cuerpo y también de otras mujeres en los últimos tiempos? Hay cosas que antes hacías y dejaste de hacer (o viceversa)?

Irene Delponte: Nunca fui una persona coqueta. Lo que cambió es que en algún momento me esforcé por serlo y ya no. Creo que tiene que ver con mi familia. Mi madre fue decana de la Universidad de Rosario, se dedicó muchísimo a su carrera y la belleza no era una prioridad para ella -no estoy diciendo que tenga que ser así-. Como cocinera no tengo muchas opciones, tampoco, por ejemplo no se puede usar uñas largas. Mi percepción de la belleza cambió cuando nacieron mis hijos, que sentí que me tenía que empezar a vestir como señora. Después entendí que no hay que tener un look especial para ser madre. Soy madre, uso remeras cortas, panza al aire, mochila y tengo tatuajes. Tuve que aceptar cómo me veía. Esas son las nuevas reglas.

Charo, pasaste por todas las fases posibles: ¿Cómo vivís el paso de los años?

Charo Arocena: De joven no me consideraba linda, por más que me lo decían. Pero en mi vejez lo acepté, me siento una persona linda y agradable. Me miro al espejo y me siento así. Pero no es por mi físico, sino por un cambio interior, por lo espiritual. Cuando entendí que estaba en esta vida para dar a los que me rodean lo que precisan, sea amor, cariño o lo que sea. Esa es la belleza que tengo, más allá de lo exterior.

Foto: Camila Montenegro para Couture.
Foto: Camila Montenegro para Couture.

Sobre la maternidad

Tuviste 5 hijos, ¿volverías a hacerlo?

Charo Arocena: Sí. Yo siempre lo dije, mi pareja fue fallida, no fui feliz. Pero volvería a hacer lo mismo para tener los 5 hijos que tengo.

¿Cómo fue tener hijos y fundar tu propia empresa? ¿Existe el famoso balance?

Silvina Rocha: Nunca sentí culpa, y esa fue la clave. Siempre sentí que aunque trabajara estaba cada minuto de su existencia y estuve pendiente de su educación y del cariño que les daba mientras estaba en casa. Durante mucho tiempo los niños reclaman una mamá que no tienen, pero yo miro hoy a mis hijos y son chicos normales, “no tienen pie plano”, son como los otros y sumamente independientes. Tuvieron la suerte de tener una madre que no estaba en casa todo el día. Primero porque les enseñé la actitud hacia el trabajo, que te hace feliz, te hace completa.

Se puede ser madre y trabajar, el balance existe, se encuentra. No les pasa nada a ellos. Todo lo contrario. Me acuerdo de un día una anécdota, yo estaba sobrepasada de trabajo, había nacido mi hijo menor, que es 6 años más chico que el hermano, había ido al médico, tenía ataques de pánico, todas las cosas que son reales, y me dice mi hijo mayor: “vos no tenés que venir a casa directo del trabajo, andá tipo a yoga, a gimnasia y después vení acá”. En toda esa locura con la que yo llegaba a casa para llegar a hacer los deberes de inglés, ¿qué me propongo? No le hacía bien. Un día me acuerdo que tiré un bibliorato por el aire por los deberes y eso no puede ser bueno.

Caro, ¿te imaginás siendo madre con el estilo de vida que llevás hoy?

Caro Bañales: Sí, lo visualizo. Ahora estoy en una etapa de “ensayo” con los hijos de mi pareja. Creo que lo que más me costaría dejar son los viajes. Obviamente, cuando sos madre en algún momento tenés que frenar porque te lo pide el cuerpo pero no me cuestiono que voy a poder seguir siendo emprendedora. Para mí tener una pareja que sea tu socio es fundamental para que ambos nos podamos realizar de forma profesional y familiar. Además, en el caso de mi pareja, él ya tiene hijos y ya lo he visto cómo se desenvuelve. Sé que cuando yo me tenga que ir de viaje o lo que sea él va a poder hacer de padre y madre a la vez. Se están definiendo nuevas reglas familiares también, ya no todo pasa por la mujer.

Irene, vos hablás mucho de tus hijos y de su vínculo en las redes, pero tampoco tenés problema en decir que los acostás y te tomás una copa de vino (o dos). ¿Cómo vivís la maternidad?

Irene Deponte: Estoy de acuerdo con lo que dijo Silvina, se puede seguir trabajando y emprendiendo y tener hijos. Hace dos años, antes de abrir el local decidí viajar a capacitarme a dos mecas, New York y Lima. No niego que no me hayan pasado factura después -sobre todo Ulises que tenía dos años- pero no les pasó nada, se quedaron con su padre. Obviamente que necesitó ayuda, como yo la necesito cuando él viaja por trabajo, pero se puede. Tampoco lo vivo con culpa porque vengo de una familia en la que mi madre trabajaba mucho, no era ausente, no lo sentí así. Ella antes de volver se tomaba un café y venía para casa, para, como dice Silvina, no tirarnos nada por la cabeza. Yo intento hacer lo mismo, paro en la Rambla y me relajo un poco. Después una de las mejores decisiones que tomamos con mi marido es acostar a los niños a las 9, porque como pareja necesitamos un momento de estar solos, aunque sea solo para tomar vino y ver una serie en Netflix. Es complejo pero teniendo una pareja que, no voy a decir “ayude”, pero que actúe como tal, como padre de la criatura, se puede.

Nuestra colección cápsula con Rotunda ya está a la venta en Rotunda Punta Carretas y Rotunda Arocena.