Los cambios en la forma de ejercer la paternidad de los últimas décadas son tales que hasta se reconoce que ellos también pueden sufrir depresión pos parto. Estos cambios son sociales y también culturales: se los incluye en las publicidades como figuras activas ante las necesidades de los niños y avanzan en la conquista de una igualdad real en la ocupación de las tareas domésticas y de cuidado.

Los que fueron padres en los 80, y antes, no cambiaban pañales ni iban a las reuniones de padres; no cocinaban ni cantaban canciones de cuna; ni siquiera participaban en los nacimientos de sus hijos. Pero con la entrada de las mujeres en el mercado laboral, los roles de género se reconfiguraron y se está transitando un camino hacia el afianzamiento del padre en un rol protagónico. Los nuevos padres son millennials, y todas las características de su generación las aplican también a la forma de criar a sus hijos.

Simon Hooper y sus hijas. Foto: @father_of_daughters

Internet nos presenta una sobredosis de fenómenos en este sentido, que han recibido el nombre de Instadads. Uno de nuestros favoritos es Simon Hooper, mejor conocido como Father of Daughters, que está cerca de alcanzar el millón de seguidores. Las redes sociales no suelen representar el behind de scenes de la vida con hijos, más bien todo lo contrario. De manera cómica, Hooper intenta revertir esa tendencia retratando su vida junto a 5 mujeres -su esposa y 4 hijas, Anya, Marnie, Ottilie y Delilah- registrando desde charlas de educación sexual con su primogénita hasta el tacho de basura repleto de pañales de sus gemelas menores.

Simon Hooper y sus hijas. Foto: @father_of_daughters

En palabras de Simon, “comunicar la paternidad de esta manera es una forma de cortar con la mirada edulcorada que se vende en las redes sociales”. No podemos estar más de acuerdo: un baño de realidad resulta reconfortante cuando, después de una seguidilla de microtragedias cotidianas con nuestros hijos, chequeamos nuestras redes sociales y vemos niños limpios y sonrientes, madres espléndidas, padres plenos y casas ordenadas.

Imagen de World´s Best Father: Foto: Bored Panda

Otro de nuestros elegidos del mundo digital es el trabajo del fotógrafo Dave Engledow quien se consagró con su ensayo visual Confessions of the World´s Best Father, un libro paródico compuesto por una serie de fotografías que representan su vida cotidiana como padre de la pequeña Alice. También publicó The Little Girl Who Didn’t Want to Go to Bed, un libro infantil de fotos y dibujos con historias de una niña que no quiere ir a dormir y que lo han convertido en una de las sensaciones de la paternidad hilarante en internet. La mayor parte de las imágenes lo representan en situaciones “humillantes” frente a su hijita, como perdiendo una pulseada o vestido de bailarina, o en escenas en donde su hija corre peligro, lo que sirve para discutir la clásica imagen de padre como figura de poder y autoridad y, de paso, divertirse un poco.

Imagen de World’s Best Father: Foto: Bored Panda

Si bien muchos padres encuentran en la combinación de humor y redes sociales una forma válida de registrar las penurias de la vida con niños, en la literatura tenemos un formato distinto. El noruego Karl Ove Knausgard es uno de los favoritos de la casa a la hora de hablar de los incordios y las vicisitudes de la vida en familia con una honestidad descarnada. En el tomo 2 de la saga Mi lucha, titulada Un hombre enamorado, Knausgard  relata los cumpleaños de los amigos de sus hijos, las salidas familiares, las negociaciones de tiempo y espacio con la esposa, y reflexiona sobre la transformación del matrimonio en equipo de padres y sobre la ternura que se necesita para afrontar ese desafío.

También reniega de algunas modas “progresistas” de la crianza, como la de la comida sana:

¿Porqué no podían darle a los niños perritos calientes, helado y refrescos? ¿Piruletas? ¿Gelatina? ¿Pudín de chocolate? Qué estúpido país de idiotas era aquel. Todas las mujeres jóvenes bebían tanta agua que les salía por las orejas, pensaban que era “útil” y “refrescante”, pero lo que hacían era disparar la curva de jóvenes incontinentes del país. Los niños comían pasta integral, pan integral y toda clase de extrañas clases de arroz integral que sus estómagos no llegaban a digerir del todo, pero eso no importaba, porque era “útil” y “refrescante” y “sano”. Ah, confundían comida con espíritu, creían que podían llegar a ser mejores personas comiendo, sin entender que una cosa es la comida y otra la idea que despierta.

Karl Ove Knausgard. Foto: The Independent

En su libro, el noruego relata que se autopercibe como un hombre débil y femenino cada vez que empuja el cochecito de sus hijos, y ese es uno de los gestos en donde se define la reformulación de la paternidad. Actividades reservadas anteriormente a las mujeres que, cuando son ejercidas por los hombres, ponen en tela de juicio su histórico concepto de la masculinidad.

Una de mis películas preferidas para pensar la paternidad actual es un documental de 2011 del director independiente Andrea Blaugrund Nevins: The other F word (“La otra letra F”, ya no de “fuck” sino de “father”). Trata sobre la manera en que una serie de músicos de las bandas de punk más emblemáticas de los 70, 80 y 90 (Black Flag, Pennywise, Blink-182, Adolescents, Everclear, etc), quienes crecieron odiando a sus padres y rebelándose contra toda autoridad, se convirtieron ellos mismos en padres. A lo largo del documental relatan cómo su “actitud punk” se relaciona con la falta de amor y el abandono de sus progenitores, y cómo fue crecer en una época donde los padres se parecían más a jefes de empresas que a una figura de amor. Hay un largo camino recorrido en la intención de dejar atrás esas formas arcaicas, distantes y muchas veces violentas para convertirse en buenos padres para sus hijos. La buena noticia: está completo y subtitulado en YouTube

Acá, el trailer. Preparen los pañuelos.