Hace tiempo que ronda la hipótesis de que el reloj biológico es más un mito proveniente de una convención social que un impedimento real del cuerpo de las mujeres cuando traspasan los cuarenta. Los medios de comunicación anuncian cada vez con más frecuencia la noticia de embarazos de famosas que están en la plenitud de los cincuenta, como Rachel Weisz (48) que acaba de parir a una niña, Brigitte Nielsen (54), que este año tuvo a su quinto hijo, o Janet Jackson (52), que fue mamá el año pasado.

El universo fashionista también nos viene alimentando con noticias de madres que atravesaron los cuarenta, pero han logrado visibilidad por otras razones. La cofundadora y actual directora creativa del sitio de moda y actualidad Refinery 29, Piera Gelardi, anunció hace pocas semanas a través de sus redes sociales que, luego de algunos intentos de embarazarse, ha decidido ser madre a través de la subrogación de vientre. Compartió con sus seguidores las dudas y contradicciones que sintió cuando su cuñada le ofreció la posibilidad de gestar ese bebé, y que le llevó mucho tiempo de terapia aceptar ese generosísimo regalo. Su hijo nacerá pronto.

Christene Barberich, editora general y también cofundadora de Refinery 29, es otra de las personalidades de la moda que ha decidido compartir su historia de maternidad. Después de haber padecido siete abortos espontáneos, Christene finalmente está llegando a término con su actual embarazo. Se trata de mujeres que rondan los 45 años, que lo han intentado todo en materia de fertilidad, algunas han podido lograr embarazos, otras han elegido vientres subrogados y algunas otras han recurrido a métodos de fertilidad con especialistas. El punto de contacto entre las historias es el hecho de ponerle voz a un tema tabú como son las diversas dificultades que sufren millones de mujeres en el mundo para concretar su maternidad, ya sea por problemas de fertilidad o por la multiplicidad de abortos espontáneos que han padecido, en un ambiente -como es la moda- que se caracteriza por mostrar felicidad, plenitud y omnipotencia. Las estadísticas actuales informan que uno de cada cinco embarazos que se producen en el mundo, finalizará en aborto espontáneo. Entonces ¿por qué se habla poco y nada del tema?

Christene Barberich. Fuente: Daily Mail UK

Cuando Mark Zuckerberg anunció en 2015 el inminente nacimiento de su hija, también contó que anteriormente su esposa había sufrido tres abortos espontáneos. Ese anuncio fue el disparador que impulsó a la cineasta Ann Zamudio a filmar una película documental sobre el tabú del aborto espontáneo llamando Don’t talk about the baby. El objetivo de la directora fue dar visibilidad a una problemática que es mucho más extensiva de lo que parece, y quitar el velo negativo y culpabilizador que ejercen estas pérdidas en millones de mujeres de todo el mundo. Aun sigue pareciendo que cuando se habla de las pérdidas de embarazos, es en el contexto del anuncio de un bebé en camino. Esa idea reparadora también funciona de manera dolorosa porque hay parejas que transitan años con esta imposibilidad de compartir sus angustias y poner en palabras la frustración de un deseo poderoso.

Piera Gelardi y Christene Barberich. Fuente: Create & Cultivate

En este sentido, los relatos de abortos espontáneos de Leandra Medine, la fundadora del sitio Man Repeller, funcionaron como gestos inaugurales en una industria que, paradójicamente, fomenta la imagen de felicidad y posibilidad de futuro de manera permanente. Si bien Leandra apenas pasó de los treinta años, logró finalmente este año dar a luz a un par de mellizas, Madeleine y Laura. Otra bloggera internacional famosísima, Pandora Sykes, estuvo embarazada a la vez que Medine y ambas comenzaron a publicar una especie de correspondencia maternal en donde hablaban sin tapujos, amparadas por la intimidad del formato postal, de los vaivenes de la vida junto a sus bebés.

Leandra Medine con una de sus hijas. Fuente: Man Repeller

Lo que ponen de manifiesto estas acciones son varias cuestiones: que embarazarse no funciona como circula en el imaginario colectivo porque los cuerpos no son infalibles; que para hacer un bebé se necesita la coordinación de dos cargas genéticas, parece fácil pero no lo es; una maternidad deseada no está libre de contradicciones ni momentos de hastío; hablar es sanador porque la empatía es poderosa y reconfortante, por eso las comunidades de mujeres alrededor de la maternidad se siguen reproduciendo en todas partes del mundo y en todos los momentos de la historia: en los pueblos alejados de las ciudades y también en las redes sociales.