Por Erika Stiglitz

Ser humano y mujer, ni más ni menos” dice “Fortuna”, uno de los poemas más conocidos de Ida Vitale, reciente ganadora del Premio Miguel de Cervantes. En esta ocasión me tomo el atrevimiento de agregar también uruguaya: Ser humano, mujer y uruguaya, ni más ni menos.

El 23 de abril de 2019 Ida Vitale se convirtió en la quinta mujer en recibir el premio más prestigioso de las letras en español. No solo eso, sino que fue la primera uruguaya en recibirlo, desde que en 1980 fuera otorgado a su compañero de la Generación del 45, Juan Carlos Onetti. Ida Vitale es el reflejo de la “Suiza de América” que nuestros abuelos nos supieron relatar. Un país desbordante de cultura donde a nadie faltaba la educación. El país de la escuela pública en que las clases sociales se mezclaban como algo común y corriente en las aulas, donde todo comienza. Ida Vitale es el reflejo de todo lo que añoramos y sabemos que es posible.

No me extrañó al llegar a la conferencia de prensa, celebrada en la Biblioteca Nacional de la capital española, que al sentarse la homenajeada y comenzar a hablar, se sintiera como si una gran maestra se encontrara dando una lección magistral. De hecho, es profesora de literatura de profesión y se le nota el amor por enseñar. Con sus impecables 95 años, esta mujer uruguaya que por una semana hizo más titulares que Luis Suárez en la prensa española, es un imprescindible de escuchar. Es por eso que rescato para Mirada Couture algunas de las mejores lecciones que Ida nos supo transmitir a los afortunados que estuvimos presentes en aquella clase de vida:

1. Una biblioteca es siempre una buena inversión

Ella siempre cuenta esta historia y la contó una vez más. De niña tenía una gran biblioteca de su abuelo, que muy convenientemente todos los sábados de mañana le hacían limpiar. Éste fue el primer paso para desarrollar su amor por la lectura. Una biblioteca llena de clásicos, como La guerra y la paz de León Tolstoy. “Un libro como este puede ser muy complicado para una niña de once años, pero no importa porque es importante no entender, tanto como entender” dijo mientras contaba su anécdota. No entender es lo que te hace querer saber y descubrir. Por lo que una biblioteca de clásicos es un camino de ida hacia la curiosidad, al descubrimiento de nuevos mundos.

2. Ante la duda, un diccionario en la mesa de luz

En épocas de grandes buscadores que se transforman en el camino obvio para responder todas las preguntas, Ida se queda con el clásico diccionario para satisfacer nuestras ansias de saber. Lo recomienda sobre todo para los niños como una herramienta para averiguar el significado de las palabras que los intrigan y que los adultos muchas veces no quieren que sepan. El diccionario será un aliado sin historiales de búsqueda guardados, ni horas frente a la pantalla que significa el agujero negro de “Google” antes de dormir. Esa herramienta que quizás poco se usa en el mundo de la tecnología pero que ella recomienda rescatar.

3. Don Quijote es una herramienta para la vida

Siendo la ganadora del premio Miguel de Cervantes estaba claro que le preguntarían por el Quijote, la máxima obra de la literatura española; a lo que ella responde: “El Quijote es una herramienta para la vida, rescato sobre todo el sentido del humor, que siempre nos salva. También es una inspiración para asumir todos los riesgos que se nos presentan”. Ida recomienda leer el Quijote a temprana edad, quizás deba ser uno de los primeros libros que integren la biblioteca de la primera lección.Si se presta atención, en el correr del tiempo uno se va encontrando con los Sancho Panzas y Don Quijotes de la vida, sobre todo con los Sancho Panza“.

Foto: Andrés Ballesteros para AFP

4. Siempre es bueno tener un mentor/a

Ida Vitale lo dijo y lo llevó a cabo antes de que existieran las modas de los “coaching” o los sitios de autoayuda o gestión personal. Un mentor no es más que un gran profesor y fuente de inspiración. Ida lo tuvo y lo homenajea en esta ocasión tan importante, a nada menos que José Bergamín. Cuando el escritor español vivió en Montevideo, un puñado de jóvenes se pegó a él para convertirse en sus fieles alumnos, y en ese grupo estaba Ida. “Él nos mostraba la España verdadera, la de Juan Ramón Jiménez y Antonio Machado, pero lo real, no los cuentos. Siempre compraba libros para regalar a sus amigos y familia, como si supiera que allí estaba la base de todo”. Después de la conferencia de prensa Ida Vitale se dirigió a la Casa de las Letras para guardar como un tesoro algo que solo ella tenía: dos manuscritos originales de su mentor, José Bergamín que desde ese momento serían atesorados gracias al homenaje de su alumna.

5. Si Ud. quiere ser escritor, que siempre quede la semilla de la curiosidad

Ojalá que a partir de este gran galardón para las letras nacionales se despierte la pasión de muchos que quieren escribir y nunca se dieron una oportunidad. Porque es muy difícil, porque viviendo en Uruguay es imposible. Ida Vitale demuestra que no lo es, al igual que lo hicieron antes María Eugenia Vaz Ferreira, Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini o su compañera de Generación del 45, Idea Vilariño, por nombrar solo algunas de las maravillosas autoras de la literatura uruguaya.

Ida Vitale recomienda al futuro autor, que será el encargado de crear la lectura, que siempre quede la semilla de la curiosidad. “Hay que ser claro, pero tampoco demasiado claro, se deben crear las ansias de saber más y de querer seguir leyendo”. dice convencida.

Si el lector abre un libro y no entiende nada, lo cierra. Aún más en un tiempo de inmediatez en donde se desecha rápido lo que no da placer al instante. Si el lector entiende todo de una vez, puede que nunca vuelva a abrir el libro. Mejor que siempre regrese por nuevos puntos de vista que nacen de la curiosidad de llegar a entender.

6. No es una carrera, cada uno va a su propio ritmo

Hay un tiempo para todo y jamás es demasiado tarde, aunque no siempre esto pase en el momento que queremos. Ella misma lo insinuó cuando se sentó para comenzar su conferencia de prensa y dijo primero que nada: “Ya me podrían haber llamado diez años antes para esto, estaba mucho mejor”. Le preguntan por su carrera, por la desilusión y contesta tranquila: “No se trata de una carrera, es más, el concepto me pone nerviosa. No he sido una corredora de gran velocidad, a mí me gustaba escribir y es lo que hice”

Ella así lo dice, pero Ida Vitale le hace honor a su nombre y es de esas personas que aunque pase el tiempo, siempre está en su mejor momento.

Una, como simple espectadora, no puede hacer más que escuchar y aprender para luego poder contar sus lecciones para que no se pierdan en la carrera del tiempo.

 

Algunas de sus obras: Palabra dada (1953), Cada uno en su noche (1960), Oidor andante (1972), Jardín de sílice (1978), Elegías en otoño (1982), Fieles (1982), Entresaca y Parvo Reino (1984), Procura lo imposible (1988), Serie del sinsonte (1992), Paz por dos (1994), Procura de lo imposible (1998), Reducción del infinito (2002), Mella y criba (2010), Mínimas de aguanieve (2015).