*Foto: Juanpi Landarin // Cortesía Pecha Kucha Montevideo

Creo que ser mujer no condicionó mucho mi vida. Crecí rodeada de hombres y mujeres y nunca escuché en mi infancia que yo “no podía” o “no debía hacer algo” por el solo hecho de ser mujer. Somos seis hermanos, cuatro mujeres y dos hombres. Lo extraño es que mi familia seguro debe estar catalogada como tradicional, los hombres nos cedían el paso y si a las mujeres nos faltaba fuerza algún hombre cercano ayudaba, fácilmente, sin complicaciones. Jugué siempre en grupos mixtos.

Mis padres, ambos, tenían muchos hermanos y hay mayoría de mujeres en ambas ramas. ¿Habrá sido eso? Quizás fue la Divina Providencia, Tata Dios o la lotería natural –John Rawls- pero funcionó bien.

Ser mujer hoy, ahora que ha pasado mucha agua bajo el puente, es casi igual. Me parece bien reivindicar nuestra posición en el mundo: somos mayoría y muy útiles, fundamentalmente en la cotidiana, somos más eficientes y podemos hacer muchas más tareas en simultáneo que los hombres. A su vez creo que somos complementarios y esa realidad es incambiable y me gusta. Biológicamente nos necesitamos y complementamos.

Ser mujer hoy en aquellos ámbitos en los cuales los espacios de poder son históricamente ocupados por varones, tiene su dificultad. Pretender cambiar estas condiciones sin la participación de los hombres me parece imposible. Es entablar una guerra –en muchos ámbitos ya instalada- entre dos bandos que deberían estar a bordo del mismo barco.

Ser mujer hoy y tener que demostrar inteligencia o capacidad profesional, ante iguales, por el solo hecho de mi sexo, me cansa y además desata en mí, la peor versión de la soberbia. Mi instinto de conservación me coloca en el escalón inmediatamente superior y no logro disimularlo.

Ser mujer y madre es un privilegio que no está exento de responsabilidades. Educar en base al respeto en la igualdad y en las diferencias es el punto de partida para pensar en un cambio real. Hay un proverbio irlandés que dice: nuestros hijos no nos escuchan ¡Nos ven! Es en el ámbito doméstico donde podemos mostrar la diferencia y allí nuevamente se necesitan ambas figuras pregonando con el ejemplo.

Ser mujer hoy no debería ser una demostración de resistencia. Hay que tener la sabiduría para, aún en nuestra capacidad multiatencional, lograr razonar y entender que no todo se puede hacer con el mismo nivel de excelencia. Hay que priorizar, elegir, focalizar dentro de las 24 horas disponibles y ser felices con las opciones.

Ser mujer hoy me sigue pareciendo buena cosa.

P.D.: Nunca imaginé mi existencia en versión masculina.

 Alexandra Morgan es periodista y gerente de producción en La Tele. Es egresada de la primera generación de Comunicación en la UCU y tiene posgrados en Uruguay, EEUU y España. Además, es docente. Está casada y tiene 3 hijos. Entre sus hobbies se encuentran la fotografía, la huerta orgánica, el canto coral y amasar pan con masa madre.