*Foto: Camila Jettar para Valentina De Llano

El hecho de que hable de este tema, de y desde mi forma de ser mujer, sé que a muchas no las identificará, a otras sí, algunas se opondrán y hasta puede generar polémicas. Pero creo en mi femineidad, ocupo un rol femenino en mis ámbitos y en la vida en general y me he empoderado de mi derecho a Ser por encima de todos los prejuicios desde hace ya mucho tiempo.

Y digan lo que digan, la violencia hacia la mujer nos incluye. Porque también vivimos violencia social, en la calle su máxima expresión; y familiar, institucional, en menor o mayor medida.

Por desinformación y falta de experiencias, muchxs piensan ser dueñxs de la única verdad.

A ellxs les digo: olvídense de eso. El mundo hoy tiene infinitas realidades, negarse a esto es negarse a sí mismos. Todos y todas somos diversidad y vivimos con ella, nuestro mismo Ser es una combinación de otros miles de seres, y todos ellos diferentes.

Me dirijo a todas las mujeres para decirles que creen su propio valor y que éste sea muy grande. Saquen los prejuicios, estigmas, tabúes e insultos de sus mentes y espíritus, libérense.

Apodérense del amor, la sensibilidad, la intuición y los instintos que nos caracterizan, aunque estos sean vistos como debilidades. Pues son lo que hace nuestra fuerza y nuestro poder en este mundo. Si la vida sigue conservando algo de su belleza es gracias al amor y las buenas acciones, no a la violencia y al miedo.

Terminemos con las rivalidades entre nosotras, necesitamos fortalecer nuestro género de forma urgente y para eso hay que estar unidas y aceptarnos a nosotras mismas, como somos y en nuestras diferencias. Desde el afuera ya nos destinan suficientes insultos como para sumar aún más.

En el día 8 de marzo, si bien sé que conmemora todo lo que el género femenino ha logrado, y lo aplaudo, todavía estoy muy lejos de identificarme plenamente con él y menos aún de vivirlo como un día feliz.

Hablo por mí y por mis mujeres trans o trans femeninas, que seguimos siendo invisibilizadas, excluidas y violentadas por el sistema que, aparte de educarnos en base a lo que quiere que sepamos, y no en nuestras realidades, nos somete a la marginalidad. Muy pocos te contratan formalmente para realizar un trabajo, pero sí son incontables los que pagan para consumir sus cuerpos. Para las que no optan por eso, es una forma de esclavitud, y debe terminar ya.

Me llena de tristeza ver a esas amigas trans de la adolescencia que eran personitas inocentes y luminosas, estar excluidas de sus hogares, solas, y ejerciendo la prostitución en alguna parte del mundo, pensando que es su único destino.

Y por eso es que todavía no tengo qué celebrar, el día que lo tenga será cuando esa niña a la que le dijeron que solo podía ser un niño, sepa que puede ser la niña que es y que no es ”basura” por eso. El día que la maestra le llame la atención a su agresor, y no a ella por su comportamiento femenino. El día que no sea normal que algunos varones digan ”vos sos hombre, vení, juntate con nosotros, que las mujeres son para cojerlas nada más”.

El día en que no se juzgue la libertad o expresión de sensualidad de cualquier mujer y sí a la violencia del entorno hacia ella.

Cuando no tenga que decirle al taxista de la esquina de mi casa que me conoce de toda la vida ”No me diga más cosas cuando paso ¿puede ser? ”, o al que cuida autos, al del súper o al del puesto de verduras. Cuando yo misma pueda determinar Ser o no Ser, y que no sea un juez quien lo dictamine.

Concluyendo, somos responsables en nuestro aquí y ahora de generar cambios positivos que aporten a la igualdad. La violencia está por todos lados y en todos los géneros, si la percibís y decidís actuar de una forma no violenta, aunque tengas que contar hasta diez, así vas a ser la diferencia y a dar el ejemplo.

¡Ni una menos! ¡Vivas y libres nos queremos!

Morena Ferreira (21 años) es modelo y estudiante. Ama los deportes, la naturaleza y la vida en general. Mujer trans, orgullosa.