La foto de tapa es de la artista feminista Mariana Cobra.

Pocas veces en nuestro curso de vida podemos ser parte de los grandes cambios. En general, los procesos de transformación social transcurren silenciosos y no los percibimos, demasiado ocupados en nuestro día a día. Hoy, por el contrario, la sociedad toda se está haciendo consciente de una mutación en cuanto al lugar que ocupa la mujer: sus derechos, sus reivindicaciones, el empoderamiento femenino están en el foco de la opinión pública. Tenemos, esta vez, la oportunidad de ser testigos -y tal vez protagonistas- de una revisión social profunda.

Como todo lo profundo, genera una importante emocionalidad. Las mujeres que están en todo el mundo abogando por el fin de las conductas de abuso, en muchos casos se han animado a exponer historias personales dolorosas. Aun si la motivación fuera estrictamente individual, contribuye a una mirada social más intensa: lo hacen por la comunidad y por todas las otras mujeres. Y lo mismo ocurre con las que están trabajando por diversos derechos, o intentando romper el “techo de cristal”.

Sin duda, algo tan intenso y removedor genera posiciones contrapuestas. En Francia han surgido figuras como Catherine Deneuve que manifiestan su temor de volver a una etapa de puritanismo y represión: temen que la “corrección política” destruya antiguas conquistas libertarias que ellas mismas protagonizaron en la década del 60. Representan una generación que rompió con los esquemas de su tiempo, y merecen todo nuestro respeto por eso; pero tal vez no perciben que la movida de hoy no busca cercenar libertades sino más bien ampliarlas. En el nuevo esquema, la mujer es libre de elegir lo que quiere, y no ser coaccionada a través del miedo, del poder o del amor. Así es el horizonte hacia el cual caminamos.

Foto: Mariana Cobra.

Los cambios siempre asustan. En primer lugar, intimidan a aquellos que pueden perder sus lugares de privilegio; pero también asustan a quienes se han habituado a vivir con límites preestablecidos.

Hay un viejo cuento – metáfora que es interesante para este momento. Un domador de elefantes toma un elefante chiquito y lo entrena para que no salga del perímetro de su escenario en el circo. El elefante crece, se hace enorme, pero nunca más sale del perímetro. ¿Es porque no puede? Al contrario, con un solo movimiento podría derribar al domador y toda la estructura. Pero cree que no puede. Se habituó a vivir en los límites que se le impusieron desde el primer día.

Hoy, el desafío es comprender que el mundo de lo femenino está ganando nuevos espacios de libertad y decisión. No es un movimiento en contra de lo masculino, nada de eso. Es a favor de una mujer fuerte y completa. Nos esperan todavía muchos debates, muchas instancias: estamos en medio de un fascinante proceso.