Barcelona-Madrid-Barcelona-Moscú-Barcelona-Madrid-Toledo-Barcelona-Porto-Barcelona-Amsterdam-Barcelona-Cadaqués-Girona-Barcelona. No, no es una nueva edición de Los Viajes del 12, esa fue mi ruta el último mes. Mis 23 años llegaron con billetes de avión abajo del brazo y los aeropuertos rápidamente se han convertido en mi segundo hogar (ya conozco la ruta desde mi casa a El Prat casi de memoria). Mi recorrido empezó en Madrid, la capital española a tan solo una hora de vuelo de distancia, donde celebré mi cumpleaños con la mejor compañía y, aparte, me enamoré de la ciudad. Poco más de una semana después, partí a Moscú a pasar Navidad y Año Nuevo con dos adorados amigos. Allí conocí el verdadero invierno y descubrí que cuando hacen -26° de sensación térmica no hay suficiente ropa que te mantenga abrigada. Tras dos semanas de mucho frío y risas en Rusia, volví a casa para luego despegar nuevamente a Madrid, con una pequeña parada en Toledo y luego a Porto. La llegada de una amiga a Barcelona significó más viajes: un fin de semana en (la increíble) Amsterdam y un día entre Cadaqués y Girona. Uff! Me cansé de escribirlo…pero es imposible quejarse, con cada andanza compruebo que no hay nada más lindo que conocer una nueva ciudad, una nueva cultura y, mejor aún, si estas experiencias se viven con amigos. Y mientras mi pasaporte se va llenando de sellos, he aprendido un montón, y con montón me refiero a MUCHO. Así que para no aburrirlos con mi diario de viaje, prefiero señalar las seis cosas que me han enseñado estos viajes, uno tan distinto del otro, porque insisto: no hay como viajar.

1. El arte de viajar con valija de mano
La ventaja de viajar por Europa es que los pasajes de avión suelen ser muy baratos, especialmente si se encuentra una promoción en una compañía lowcost. Por ejemplo, viajé a Porto ida y vuelta por 16 euros (menos de lo que puedo llegar a gastar en una ida a Zara), y promociones como esa no paran de aparecer. Claro que el precio viene acompañado de un servicio también lowcost. Estén preparados para casi no mover las piernas en lo que dura el vuelo y para aviones en estados un poco cuestionables, sin mencionar a las azafatas mala onda (¡te hablo a vos Ryanair!). Pero el verdadero problema son las valijas: si queres que el costo del vuelo realmente rinda, es mejor viajar solo con una valija de mano, me corrijo, una diminuta valija de mano. Sepan que mi vida se basa en la frase de Rachel Zoe “I need options”, por lo que incluso para un fin de semana puedo llegar a llevar una valija de 16 kilos (been there, done that). Tuve que aprender entonces a arreglármelas con una maleta de mano de 55 x 20 x 40 cm – ouch! – y tratar de hacer entrar allí mis abrigados buzos de lana, zapatos y hasta un tapado de piel.

En Amsterdam usando, en un mismo día, toda la ropa de invierno que entraba en mi maleta de mano / Foto: Augusta Adriasola
En Amsterdam usando, en un mismo día, toda la ropa de invierno que entraba en mi maleta de mano (o sea, 10 kilos de ropa) / Foto: Augusta Adriasola

2. El verdadero invierno
Con dos amigos viviendo en Moscú, no podía perder la oportunidad de conocer la capital rusa estando a tan solo cuatro horas de vuelo (lowcost, claro). Con el pasaje comprado casi dos meses antes, no faltaban las caras de sorpresa de la gente cuando comentaba que iba a Moscú…en pleno invierno. “¿A qué vas?” A ver a mis amigos, duh. “Te vas a morir de frío” Voy a llevar ropa térmica, duh. ¡Tan ilusa! Ni las calzas térmicas, ni los gruesos sweaters ni el tapado de piel me prepararon para el frío moscovita. Mucha, mucha, mucha nieve; mucho, mucho, mucho frío (pueden ver el video que hizo Martín Hernández para entenderme). Así y todo, estoy orgullosa de decir que me animé a salir de noche, con medias can can, y un vestido. Peeeeero, también tengo que admitir que el frío me achicó a la hora de salir a recorrer, ya que si no era en un vehículo hermético con calefacción, era casi imposible hacerme mover del calentito apartamento.

La buena noticia es que llegar a Barcelona, a pesar de que aquí también es invierno, fue como estar en el Caribe.

3. Cuestión de días
Tengo fines de semana extra largos, por lo que de viernes a lunes -ambos incluidos- puedo viajar (envidienme). Pero rápidamente aprendí que en algunos lugares cuatro días puede parecer muuucho tiempo, y en otros no alcanza. Madrid: cuatro días es muy poco; Toledo: un día es más que suficiente; Porto: dos o tres días alcanzan; Amsterdam: un fin de semana largo es perfecto para recorrerla; Moscú: dos semanas seguramente se disfrutarían más en verano.

Porto-Toledo-Moscu-Madrid
En sentido del reloj: Catedral de San Basilio en Moscú; la muralla de Toledo; las calles de Madrid; el río Douro en Porto / Fotos: Augusta Adriasola

4. Amazing Amsterdam
Todo lo que han escuchado sobre Amsterdam es cierto: la ciudad es simplemente increíble. Su particular arquitectura, sus canales, los museos el movimiento que hay a pesar de ser una ciudad diminuta y, por supuesto, los coffee shops (when in Amsterdam…) convirtieron a la capital holandesa en una de mis ciudades favoritas. En cuatro días la recorrí entera, desde la multitudinaria Estación Central al pacífico Vondelpaark, incluyendo el Museo de Van Gogh y la impactante casa de Anna Frank. La historia y el diseño conviven aquí a la perfección, donde cada detalle está más que cuidado. ¡Destino obligado!

Amsterdam / Foto: Augusta Adriasola
Amsterdam / Foto: Augusta Adriasola

5. ¡Que viva España!
Admito que, dentro de Europa, España no era el país que más me llamaba la atención pero estando aquí pude descubrir sus maravillosas ciudades y reconocer que cada rinconcito tiene su encanto. Madrid me enamoró por su energía, Toledo es simplemente encantador, Barcelona es arte, y finalmente conocí Cadaqués, un pequeño pueblo en Catalunya que fácilmente podría confundirse con Grecia. Ubicado entre una montaña y el Mediterráneo, Cadaqués se caracteriza por sus casas blancas y azules, además de contener allí la casa donde vivió Salvador Dalí por más de 30 años. La casa, que hoy en día es un museo, está intacta, con los muebles originales que el pintor dejó allí e incluso con obras sin terminar. La experiencia es alucinante – y más para los amantes del arte – y tan solo las vistas que se obtienen de cualquier punto de la ciudad valen la pena el viaje.

La casa de Dalí: entre obras sin terminar y vistas hermosas / Fotos: Augusta Adriasola
La casa de Dalí: entre obras sin terminar y vistas hermosas / Fotos: Augusta Adriasola
Cadaqués / Foto: Augusta Adriasola
Cadaqués / Foto: Augusta Adriasola

6. Home is where the heart is
Amo viajar, amo los hoteles, pero amo más estar en la comodidad de mi casa. Después de tantos recorridos, pude volver a apreciar Barcelona, y reconocer que luego de varios días de caminatas no hay como llegar a casa. Casi tan lindo como la cama propia, es viajar acompañado, compartir momentos y risas, especialmente si se hace con familia y amigos 🙂

Desde el aire, casi mi segunda casa / Foto: Augusta Adriasola
Desde el aire, casi mi segunda casa / Foto: Augusta Adriasola