Cuatro semanas pasaron desde que me propuse identificar qué de todo lo que hay en mi placard es lo que verdaderamente uso. Voy a confesar que no estoy sorprendida para nada con el resultado y también que mis planes de colgar la ropa que iba usando en un perchero comprado especialmente se trastocaron porque- por el amor a la improvisación que tenemos en nuestra familia- decidimos salir de viaje por dieciocho días con sólo una valija de mano por persona, lo que, como se imaginaran, limitó al mínimo el espacio para transportar vestuario.

Por si no lo recuerdan o no lo leyeron, escribí acá mi plan con el objetivo de compartirlo y de paso, ver si lograba generar que algunos de ustedes se sumen por el bien de nuestros guardarropas y de nuestros bolsillos de cara al futuro. No sé muy bien en qué quedaron los que dijeron que iban a hacer el intento, pero sí sé lo que paso conmigo.

El perchero en cuestión. Foto: Nadina Fornara.

La experiencia

Lo bien que me sentí usando sólo lo que verdaderamente me gusta y me es funcional para la vida que llevo, es uno de los aspectos fundamentales que extraigo de este experimento. Resulta que lo primero que sinceré conmigo misma es que repito mucho lo que uso y dejé de sentir que hay algo de malo en eso. Escribo esto y también pienso “ay pero más vale que no vas a sentir culpa por vestirte con ropa repetida”, pero lo cierto es que hay una constante incitación a que no te vean dos veces con lo mismo, sobre todo en estos tiempos de mostrarnos a los demás en las redes sociales jugando al Instagram. De hecho lo normal, hoy, es que casi nunca veamos nada repetido en un posteo a una influencer. Algunas sí que se encargaron de que sepamos que ellas también tomaron consciencia y eso está buenísimo porque empiezan a revertir esa tendencia del use y tire que promovieron los últimos seis o siete años.

Se hizo evidente que por más que tenga ropa muy arreglada y bonita, lo que al inicio del día me rescata de pasar demasiado pensando qué ponerme es casi siempre lo mismo. Aunque no quiera, y lo haya tratado de combatir por mucho tiempo, el jean es mi aliado más fiel y sé que en esta no soy la única ni de casualidad. Piensen un minuto solamente en lo genial que es no tener que arrancar el día tratando de determinar cómo combinar las mil tendencias que tira por mes el fast-fashion y que genera compras impulsivas que no hay manera de hacer cuadrar entre sí; es energía que ahorrás para poder usarla en decisiones más importantes.

Es cierto que puede resultar un poco aburrido vestir con la misma fórmula una y otra vez. Teniendo en cuenta que los primeros catorce días del mes había usado más que nada jean, cuando llegó el momento de armar la valija metí dos, uno azul claro y otro negro, y un pantalón de jogging también negro para poder usarlo con zapatillas o botas indistintamente.

El viernes subí una foto a Instagram usando ese pantalón, que pasa por uno de vestir porque es de poliéster (sí, obvio que hay excepciones y hay ropa que sí tiene que ser de poliéster) y me dijeron que sería bueno un post sobre cómo usar jogging de manera “elegante”, o sea, que no parezca que vas a una clase en el gimnasio o que sos una dejada. No voy a hacer una nota de eso porque es muy simple: todo lo que no sea el jogging en cuestión, tiene que estar varios “puntos de elegancia” arriba; tiene que ser de tela firme con reverso suave (que la textura imite a la friza del algodón) y hay que combinarlo con botas o chatas discretas, que dejen tobillo a la vista –un centímetro ya está bien–. Al mismo tiempo se puede usar una camisa o un top un poco arreglado y si es necesario abrigo de buen corte y materiales nobles como la lana. Rodeando al jogging de discreción y vistiendo en colores neutros, se puede conseguir un conjunto comodísimo sin dejar de lado cierto aire de elegancia.

Luego de este mini desvío, queda contar la cantidad de prendas que necesité para vestirme todo septiembre para que quizá, le sirva de guía a quién quiera adoptar este minimalismo de vestuario sin resignar cierta elegancia y sin hacer el trabajo propuesto de separar la ropa día a día.

https://www.instagram.com/p/BZjME0lgjHp/?taken-by=nredvelvet

El resultado

Esto es todo lo que usé, obvio que no incluyo ropa interior, medias o bijouterie y a tener en cuenta que estamos en pleno cambio de estación –en mi caso transitando del verano al otoño–.

Remeras de algodón de manga corta: 5 (4 blancas, 1 negra)
Remeras de algodón de manga tres cuarto: 1 (rayas finas blanco y negro)
Remeras de algodón de manga larga: 3 (1 blanca, 1 gris oscuro, 1 de rayas grandes en blanco y gris)
Top de viscosa: 1 (negro)
Camisa de algodón: 1 (blanca)

Vestido largo de algodón 100%: 1 (gris oscuro)

Sweater de lana 100%: 1 (negro)
Sweater de cashemere: 1 (azul)
Sweater de mohair 34% lana 34% poliéster 27% elastano 5%: 1 (negro)

Falda de modal 81% y elastano 19%: 1 (beige)
Falda tableada a la que le corté la etiqueta hace años y no sé de qué material es: 1 (negra brillante, imita el aspecto del cuero)

Jeans: 3 (1 azul, 1 gris, 1 negro)
Pantalón de jogging de poliéster: 1 (negro)
Pantalón sport algodón 100%: 1 (negro)

Bufanda cashemere: 1 (negra)

Campera de jean: 1 (azul)
Trench de lyocell 92% poliéster 8%: 1 (negro gastado)
Abrigo de pluma: 1 (negro combinado con verde botella)
Abrigo de alpaca 52% lana virgen 48%: 1 (negro)

Total de prendas de vestir: 27

Cartera bandolera chica de cuero: 1 (negra)
Cartera grande para llevar la computadora de cuero: 1 (negra)
Mochilita: 1 (color suela y negro)

Total de accesorios: 3

Zapatillas: 1 (combinada blanca con negro)
Sandalia chata con pulserita de cuero: 1 (negras)
Chata puntiaguda de cuero: 1 (imitación pitón en negro y rojo)
Zapatos oxford: 1 (negros)
Botas cortas de cuero: 1 (negras)
Botas media caña impermeables y revestidas con pelo natural por dentro: 1 (marrón oscuro)

Total de calzado: 6

Si alguien más se sumó y llegó a identificar en un mes qué es lo que usó, ¡que cuente! Vale también para cualquiera que se haya quedado en el primer impulso y se aburrió o venía bárbaro y algo le cambió los planes. La idea de esto es promover una cultura más relajada respecto de la moda, entender que si encontramos nuestro estilo ya no nos van a vender nada que no necesitemos y de paso, conseguir más lugar físico en nuestro placard y más lugar emocional para dejar de depender de las tendencias para mostrar quiénes somos.