Foto de tapa: Los creadores de Diet Prada retratados para Business of Fashion.

Natalia Jinchuk <natalia@miradacouture.com>
12 nov. 2018 12:03 / para StyleGazette, Alejandra

Hola Seba y Ale!

Como saben, hace tiempo que quiero escribir sobre los “watchdogs” o “perros guardianes” de las redes, sobre todo para la moda. Este es un término que viene de la informática pero que aplica para las personas o medios que se dedican con puntillosa atención a señalar los errores o falencias de los demás, a denunciar las “irregularidades” de empresas o personas, que pueden ser desde asuntos graves hasta temáticas que rayan las nociones de buen o mal gusto y de ética personal.

Esta figura digital es muy útil en una era en la que la TRANSPARENCIA es un valor supremo. Así se popularizan en moda sitios como The Fashion Law (de la periodista y especialista en derecho de moda Julie Zerbo), Diet Prada y más recientemente Estée Laundry, el “Diet Prada” de beauty. A nivel local o regional, ha habido algunos esfuerzos pero que no se terminan de consolidar y que, muchas veces y a diferencia de estos anteriormente mencionados, no están respaldados por un conocimiento profundo de la industria.

Estas acusaciones obviamente generan daños a los involucrados, a veces leves, a veces irreversibles. Se hace, digamos, “justicia”. Pero esto me lleva a cuestionarme: ¿es válido el cuestionamiento o la acusación per se? O sea, ¿sólo el gesto de la denuncia, a veces sin fundamento o conocimiento, vale en pos de exponer a esa marca o persona?

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Ok…this is a rather simple top, but consider the fact that Pia Arrobio of @lpa DMed @thegreateros ostensibly showing some love for the brand. Eros believes in supporting other women designers and sent their Ereni silk wrap top ($245) to the “influencer” and as you might guess, Pia decided to return the love by rendering that blouse in polyester charmeuse for $128 … that’s 48% off if you’re willing to discount your ethics too lol. #dolceandgabbanameetssupreme • #thegreateros #brooklyn #brooklyndesigner #silk #lpa #piaarrobio #polyester #lingerie #indielingerie #sleepwear #wraptop #blouse #caniborrowyourtop #influencer #dolceandgabbana #meets #supreme #ripoff #supportsmallbusiness #independantdesigner #ootd #wiwt #dietprada

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Seba, vos (que sí tenés un gran conocimiento de la industria y la historia de la moda) muchas veces actuás como watchdog “informal” desde tus redes y has tenido llamados de atención de marcas o agencias locales. ¿Lo vas a seguir haciendo? ¿Qué te lleva a hacerlo? Los leo!

StyleGazette SG <infostylegazette@gmail.com>
19 nov. 2018 5:48 / para Natalia, Alejandra

Hola Nat!

Es un tema fascinante y si bien existen plataformas ya establecidas que lograron una cierta notoriedad y prestigio, cada uno tiene una forma y una visión muy específica. Y, como bien decís, la masividad de la práctica de la denuncia o crítica pública es un hecho que atrae -y mucho-, aunque a veces no por las razones más nobles.

Siento que el problema principal es que entre los watchdogs, encontramos a un rango bastante amplio de actores. Hay crítica de moda real y válida, pero también hay quienes se proponen ser una brújula moral y/o denuncian solo por el hecho de generar controversia. La crítica de moda existió siempre, y con ella vienen de la mano las controversias entre críticos y marcas o diseñadores (Cathy Horyn vs Hedi Slimane/Armani/Carolina Herrera, Menkes vs Marc Jacobs/fashion bloggers, etc). Ahora, un buen crítico de moda debe ser objetivo, y debe entender que no todas las críticas son igual de válidas y que no se puede medir a todas las marcas con la misma vara.

Entiendo el atractivo de criticar abiertamente, y más ahora teniendo tanta información al alcance de la mano. Sin embargo,si no sabemos procesar esa información, sumado a la falta de conocimiento acerca del funcionamiento de la industria, o de cada marca de forma individual, puede terminar en críticas que dañan más de lo que aportan, y resultan en una práctica poco seria y hasta caprichosa. Lamentablemente, hoy en día la mayoría de las páginas que se dedican a esto (incluyendo las de Uruguay) sufren de este síndrome, donde quizás la falta de contenido serio y objetivo los obliga a generar cantidad y no calidad en sus críticas o denuncias. También están quienes se suben a un pedestal moralista y denuncian constantemente pero no lo hacen de forma coherente.

Creo que hay una razón principal por la cual la crítica de moda en Uruguay quiere, pero no logra despegar, y es la falta de profesionalización. Sí, desde el 2007 venimos creciendo, mejorando, puliéndonos como industria y de hecho gran parte de las profesiones relacionadas a la moda llegaron a niveles que compiten o incluso superan niveles internacionales: Maquilladores, productores, estilistas, modelos y hasta la organización de eventos de moda se han profesionalizado de forma exponencial. Irónicamente, el diseño no, principalmente en las marcas establecidas (que son la referencia del público masivo). El público entiende y sabe cada vez más de moda. Algunas marcas lo subestiman, y otras no son lo suficientemente buenas para mantenerse al día.

Además, en Uruguay no estamos acostumbrados a la crítica. Sí, somos criticones y de hecho la queja forma parte del ADN uruguayo, pero no somos confrontativos. Quizás se da por el poco volumen del mercado o porque todos sabemos todo el esfuerzo y trabajo que lleva lograr posicionarse. Pero cuando la fraternidad se convierte en complicidad, se impide la crítica honesta y por eso muchas marcas se estancan.

En mi caso personal, la primera vez que experimenté con la crítica de moda fue con la nota “Lo bueno, lo malo y lo feo de Moweek“, un análisis honesto y objetivo de cómo estaba sintiendo su evolución, y que nació de muchas conversaciones que tuve con amigos. Todos sentíamos lo mismo pero nadie se animaba a decir mucho. Esa nota tuvo un impacto que nunca esperé y fue extremadamente positivo. En ese momento decidí que cada vez que surgiera una crítica válida -y que aportara algo-, lo iba a hacer.

Después de ese artículo no escribí tanto, pero sí me mantuve activo en las redes, y fue donde hice las críticas o denuncias que en su momento me parecieron relevantes. Algunas más polémicas que otras, sí, pero no me arrepiento. Mi objetivo es plantear abiertamente mi postura para abrir un diálogo (aunque casi nunca es bien recibido) y nunca lo haría desde el anonimato, me parece una práctica absurda.

Me interesa saber cómo lo viven ustedes como medio especializado en moda, porque los medios son a veces también el blanco de críticas. Creo que el público en general está más alerta y más dispuesto a denunciar o a criticar. A veces no de la mejor forma, ni con toda la información, pero creo que por primera vez el consumidor siente poder.

Alejandra Pintos <alejandra@miradacouture.com>
26 nov. 2018 17:28 / para StyleGazette, natalia

¡Hola! Disculpen la demora, estuve reflexionando bastante sobre este tema, que tiene sus matices. Creo que las cuentas que hacen bien su trabajo, que investigan y conocen a la industria, hacen un aporte interesante porque hasta hace muy poco las marcas podían hacer las cosas a su antojo sin tener ningún tipo de responsabilidad. Acá no me refiero a lo “lindo” o “feo” de sus colecciones sino a temas como la copia, la apropiación cultural, el abuso sexual y la diversidad. Previo a esto, muy pocos medios se animaban a criticar a estos gigantes de la industria porque los necesitan como anunciantes (creo que la gran excepción es The New York Times).

Sin embargo hay algo que no me convence y es que, a diferencia del periodismo, no dan el derecho a respuesta. Tiran la bomba y se olvidan del tema.Y no me parece justo con las marcas publicar una crítica sin escuchar su punto de vista. Las condenas se expiden rápido y sin escuchar al acusado. Bastante a menudo se leen frases como “it’s cancelled (está cancelado)” y no sé si hay que “cancelar” una marca con esa ligereza por un error. Siempre se puede escuchar, procesar la crítica y buscar mejorar. Porque si ese no es el objetivo de la crítica, ¿para qué se hace? ¿para causar polémica?

Por otro lado, creo que para intentar ser la “brújula moral de las redes” es absurdo, más aún teniendo en cuenta que nadie está libre de pecados. Por ejemplo, Diet Prada ahora mismo está en un viaje de prensa en Japón cubriendo el desfile de Valentino, invitados por ellos. ¿Se convirtieron en eso que tanto reprochaban? Si hay un escándalo, ¿van a caerle a esta marca de la misma manera que lo hacen con otras?

A nivel local, como mencionaban, hubo algunos esfuerzos de crear cuentas similares pero creo que, a diferencia de Diet Prada o The Fashion Law, carecen de conocimiento real de la industria. Por ejemplo, a algunas marcas de retail masivo se les achaca copias que, en mi opinión, no son tales, sino que simplemente compraron la mercadería en China al mismo distribuidor.

Entiendo que este tipo de cuentas hagan las críticas de forma anónima porque, como dice Seba, acá es muy difícil. Como periodista me ha pasado de escribir una nota y que me llamen reprochando que “ese tipo de cosas no se hacen acá”. Creo que las personas se lo toman muy personal, aunque no haya malicia de nuestra parte, sino que simplemente nos gustaría que mejoren ciertos aspectos. Igual, no los culpo, es muy duro tener un emprendimiento en Uruguay y cuando hacés algo que lleva mucho tiempo, dinero y amor, que te digan que no está bueno debe de doler. Me ha pasado cuando me critican algunas notas, sobre todo cuando opinan sin saber.

Bueno, medio largo el mail.

Beso!

StyleGazette SG
27 nov. 2018 2:47 / para Alejandra, Natalia

Hola!

Creo que el tema de la crítica tan incisiva es un fenómeno que viene de la mano con la inmediatez de las redes sociales, un factor que facilita la denuncia abierta. El público ya tiene acceso a la información, y hacer una crítica abierta logra incluir al público, cosa que antes no pasaba. Discrepo con lo que comentás acerca de la falta de réplica. Creo que justamente la crítica abierta, y en un entorno de intercambio y de conexión directa e inmediata con el público como son las redes sociales (a diferencia de la prensa escrita), permite que a través de las denuncias o críticas públicas se abra una conversación. Las marcas, hoy más que nunca, necesitan tener herramientas de comunicación y de PR eficientes, justamente por la rapidez con la que llegan a su público. Una buena acción de una marca se puede hacer viral y la puede beneficiar, de la misma forma que un error o una acción mal planeada puede traducirse en un golpe fuerte en la imagen de una marca.

Por lo menos desde mi punto de vista, siento que no es la crítica en sí la que perjudica (hablando de una crítica bien fundada, por supuesto), sino la falta de acción de las marcas o su falta de asunción de responsabilidad. Un claro ejemplo es la controversia que generó Stefano Gabbana en Instagram, luego de recibir quejas sobre su última campaña “DG Loves China”, lanzada para promocionar el desfile #DGTheGreatShow de 500 pasadas que tenían programado realizar en Shanghai. La campaña fue criticada por ser insensible, irrespetuosa e insultante hacia la cultura China. En lugar de disculparse, Stefano Gabbana se lanzó a insultar no solo a los que lo acusaron, sino a la cultura y a China entera. Por supuesto, el desfile se canceló y ahora Dolce&Gabbana es marca non grata en suelo chino.

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#DGlovesChina ? More like #DGdesperateforthatChineseRMB lol.  In a bid to further appeal to luxury's covetable Chinese consumers, @dolcegabbana released some hella offensive “instructional” videos on the usage of chopsticks.  Pandering at it's finest, but taken up a notch by painting their target demographic as a tired and false stereotype of a people lacking refinement/culture to understand how to eat foreign foods and an over-the-top embellishment of cliché ambient music, comical pronunciations of foreign names/words, and Chinese subtitles (English added by us), which begs the question—who is this video actually for?  It attempts to target China, but instead mocks them with a parodied vision of what modern China is not…a gag for amusement. Dolce & Gabbana have already removed the videos from their Chinese social media channels, but not Instagram.  Stefano Gabbana has been on a much-needed social media cleanse (up until November 2nd), so maybe he kept himself busy by meddling with the marketing department for this series. Who wants to bet the XL cannoli “size” innuendos were his idea? Lmao. • #dolceandgabbana #altamoda #rtw #dgmillennials #stefanogabbana #shanghai #chinese #italian #cannoli #meme #wtf #dumb #lame #chopsticks #foodie #tutorial #cuisine #italianfood #asianmodel #asian #chinesefood #dietprada

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Justamente hoy leí una frase de Kenneth Richard, redactor en jefe de The Impression que decía esto, cerrando una nota que hablaba de este tema: “Es un recordatorio de que, hoy en día,  el poder está en las manos de las masas que controlan el megáfono de las redes sociales. Más importante aún, habla de la responsabilidad de las marcas de ser una fuerza de positividad, compasión, empatía y respeto. Esos videos [la campaña] pasaron por un sinfín de manos antes de ser publicados. Una mano debería haberse alzado para hacer evidente su naturaleza insensible mucho antes de ser filmados. Como líderes, debemos crear entornos donde esas manos estén cómodas en ser alzadas bien alto, de lo contrario, arriesgamos que muchas cabezas se escondan avergonzadas.”

Cualquier marca o empresa tiene que entender que todos sus movimientos serán estudiados, analizados y criticados, para bien o para mal. Sobre todo si hablamos de marcas que comunican y se manifiestan a través de las redes sociales. No pueden restarle importancia, porque no hay peor error que subestimar a su público. En el caso de Uruguay, hay que profundizar todavía un poco más, porque las marcas no están acostumbradas a recibir críticas, ni siquiera en prensa escrita.

Por otra parte, una crítica, por más dura que sea, no genera repercusión si no cuenta con el apoyo del público. El problema es que algunas marcas no quieren escuchar las críticas, por más bien intencionadas o bien argumentadas que sean. En mi experiencia personal, trato de ser justo y de exigir de forma coherente a cada marca. En muchos casos se da de forma directa con las marcas, y en otros casos lo hago de forma abierta y pública. Hay que saber identificar las realidades y las necesidades de las marcas, no todas se pueden criticar de la misma forma. Como crítico hay que ser objetivo y no imponer tu visión propia ni tus ideas sobre el trabajo de otro, sino ayudarlo a identificar lo que no está bien para que puedan seguir creciendo. De hecho, las críticas más duras que he hecho de forma abierta fueron a marcas que respeto muchísimo.

En cuanto a las copias, no tengo un problema con las copias como tales, sino en cómo se presentan. Si una marca que se posiciona como una grifa de diseño exclusivo hace copias evidentes, es necesario hacerlo saber. No por disminuirla, ni porque la copia sea mala, sino porque no están siendo sinceros con el público. Cuando digo eso, la respuesta que recibo generalmente es: “Bueno, pero todos copian.” Y eso, para mí, no es suficiente. No podemos ser conformistas con una industria que está en desarrollo. No me importa si todos copian si lo comercializan como tal. Pero que lo hagan pasar como propio me parece un slap in the face a aquellos diseñadores que sí se preocupan por ofrecer a sus clientes prendas exclusivas. Todavía no diferenciamos entre comercializar y diseñar, y es una pena para las nuevas generaciones.

Varias veces me han pedido de retractarme públicamente, o de directamente borrar mis críticas, pero nunca lo hice. Puedo decir que de esos casos, no hubo ni uno donde la marca asumiera responsabilidad, desmereciendo mis comentarios como mal intencionados. Son esas reacciones las que dejan en evidencia que hay muchísimo trabajo por delante, y que para muchas marcas pesa más el ego que el producto.

En el caso de Diet Prada y del desfile de Valentino, de verdad no veo el problema. Diet Prada se posicionó como una cuenta que hace críticas de moda sin filtro, de la misma forma que lo hacen Tim Blanks y Cathy Horyn, con la diferencia de la rapidez y la amplia accesibilidad de sus contenidos. Tienen un tono mucho más agresivo, sí, pero que sean invitados a desfiles destaca mucho más su fuerte posición a que no lo sean, porque significa que su opinión pesa. Habrá que ver qué es lo que dicen en sus críticas y cómo lo manejan de ahora en más, pero no siento que estén siendo contradictorios ni que lo sean, por lo menos en un futuro cercano.

Buó, se me fue la moto…

Natalia Jinchuk
28 nov. 2018 23:59 / para StyleGazette, Alejandra

Hola!

Me resulta súper interesante y rico este intercambio, ¡gracias!

Concuerdo en casi todos los puntos con lo que exponen ambos. Creo que la crítica es un signo saludable de una sociedad fuerte, siempre y cuando sea con valentía (o sea, dando la cara) y con discernimiento y argumentación. Y no estar preparados para afrontar la crítica denota una falla para una marca hoy, significa que algo está haciendo agua en algún punto y a veces este tipo de denuncias en redes lo termina de hacer visible para el resto del mundo.

Lo que sucedió con Dolce & Gabbana en China se va a convertir en un caso apasionante de manejo de crisis online y reputación de una marca. Más allá de todo lo que hemos leído al respecto (recomiendo siempre a Vanessa Friedman, editora de moda del NY Times), lo interesante es que DG ya de por sí ES una marca controversial, dueña de muchísimo poder y un posicionamiento muy fuerte -hola, popularizaron el “Italian way”- pero sus directores creativos, en especial Stefano Gabbana, ya era famoso por sus malos tratos puertas adentro de la industria. Por otro lado, y creo que esto no es menor, Diet Prada salió a contar por qué este affaire había sido tan significativo para ellos: uno de sus fundadores, Tommy Liu, es hijo de inmigrantes chinos a Estados Unidos, y relató una crianza en la que fue discriminado por su origen. En esta crónica de una muerte anunciada, todo lo profesional se vuelve personal: Stefano Gabbana con sus delirios misóginos y racistas echando por tierra las preciosas campañas sicilianas y los desfiles inclusivos de su marca, haciéndome pensar en la frase feminista “se va a caer”; y Diet Prada confesando un triunfo de venganza.

Seguí este desarrollo con un balde de pop al lado y en este derrocamiento de un colonialismo de moda solapado hubo justicia. Fue una prueba de lo que Seba comentaba sobre la responsabilidad de las marcas y sobre el poder que tiene la gente hoy de cambiar algo de décadas de la noche a la mañana. Y sin embargo, ahí discrepo un poco, quizá por mi edad y porque tengo menos pulgas, pero pienso que le estamos exigiendo a las marcas -o a las personas por detrás- que sean perfectas, inapelables. En definitiva, les estamos exigiendo más de lo que quizá nos exigimos a nosotros mismos. En ese afán por generar un mensaje que sea políticamente correcto y que no ofenda a nadie, que resista el archivo, puede que nos estemos perdiendo de explorar terrenos más oscuros o desconocidos -abyectos diría la semiótica- con los que hasta hace poco la moda (al igual que el arte, pero con mayor alcance) nos hacía conectar. Y, pardon my french, eso me rompe un poco.

Hace unos meses en mis clases analizábamos las campañas de Tom Ford para Gucci de fines de los 90, y concluíamos que serían completamente disonantes con la sensibilidad actual. ¿Cómo sería hoy esa campaña? ¿Quizá mostrando mayor diversidad sexual? No es imposible, claro. Pero tener a los perritos digitales respirando en la nuca hace que seamos más cautos y por lo tanto muchas veces más uniformes, más conservadores y que aportemos menos valor a la cultura general. Por supuesto que siempre hay que actuar desde el respeto, la tolerancia y la honestidad. Hoy ya no admitimos ciertas prácticas o ciertos mensajes, y abrazo este mundo más inclusivo con todas mis fuerzas. Pero sigo soñando con una moda que no solamente se preocupa por llegar a los objetivos cuatrimestrales. Una moda llevada adelante por gente con agallas, que se banque tener a los soplones de Diet Prada -los aplaudo, pero me pudre, de nuevo, ese moralismo- y sepa seguir firme en su camino.

¿La cerramos por acá?

StyleGazette SG
29 nov. 2018 10:17 / para Natalia, Alejandra

Si se me permite una pequeña adenda  : no creo que venga por el lado de exigir que las marcas sean perfectas. Sí, se les critica cuando no lo son, pero siento que lo que se busca es humanizarlas, en lugar de idealizarlas. Que quienes estén detrás de ellas sean receptivas a su público y, que cuando erran, que entiendan el por qué y que puedan mejorar. La era donde las marcas (y más especialmente a los star designers) se las ponía en un pedestal y donde se aceptaba todo sin cuestionarlas llegó a su fin. De hecho, cuando hay controversias y las marcas/diseñadores toman una postura abierta y de responsabilización, el impacto positivo de su respuesta es mucho mayor y salen victoriosas. Es un juego cruel, sin dudas. But! Como dijo Bear Gryllis: