Cada vez que cambia la estación, la temporada, empezamos a hablar de lo que se va a usar, de qué tendencias veremos pronto por las calles. Las botas de la temporada, el color del verano, son términos que escuchamos hasta el cansancio. Pero como vienen, cumplan un ciclo y se van. Más temprano que tarde, estaremos archivando el Millennial Pink o el Gen-Z Yellow, que pasarán a descansar junto con sus antecesores.

Cuando es sólo cuestión de días para que Pantone anuncie cuál será el color de 2018, y genere un frenesí por consumir todo en ese color, hay un color al final de la paleta que no necesita de tanta publicidad ni marketing. Simplemente funciona, es eterno y nunca se dejará de usar porque el mundo de la moda y el diseño no puede vivir sin él. Hablemos del color negro.

Foto: Vogue

Fuerte, poderoso, revolucionario, transgresor, conservador, dramático, austero, sensual, arrogante, misterioso, chic, contradictorio en su esencia.

Hace unos meses contaba sobre el Berliner Style, y entonces comentaba que una de sus facetas más predominantes es el color negro. No quiero decir que todos transiten las calles uniformados en negro, pero como pasa con Montevideo, que tendemos a decir que es una ciudad que se viste de gris, el negro es el color que toma, casi inadvertidamente, a los berliners. Tal vez no en un sentido de suma elegancia como puede ser en París, sino que aquí el negro tiene un sentido más rebelde y excéntrico. Siempre de moda pero sin ser demasiado extravagante.

Una remera negra, simple y lisa, no necesita mucho más. El color se vuelve protagonista y es su propio statement. Lo que nos está diciendo, palabras más, palabras menos es, “No necesito de tu atención, soy suficiente”.

Foto: Getty Images
Foto: Vogue

¿Qué podemos saber de una persona que lo lleva? Por lo pronto que la elección nunca es aleatoria, siempre hay una reflexión, experiencias que le llevaron a eso, seguridad, confianza, estilismo, o simple comodidad. Tal vez esa persona pasó menos tiempo decidiendo qué se iba a poner hoy, pero no por eso su apariencia es menos importante para sí. Y esto se debe a una de las mejores cualidades del color negro. Su versatilidad.

Pocos colores, si no es el único, soportan el pasar del día como el color negro. Es uno de esos pocos casos donde uno puede ponerse algo a la mañana y seguir con distintos planes hasta que el final del día te encuentre. Ya sea un vestido, una camisa, un jean, tu remera preferida o una chaqueta, es un color que nunca te deja en offside. Como dijo alguna vez Karl Lagerfeld: “Nunca se está demasiado elegante ni demasiado desarreglada con un little black dress”.

Foto: Vogue

Hay algo que tenemos que decir. Si hoy podemos levantarnos y ponernos una prenda negra a la mañana y empezar el día, es en gran parte gracias a Gabrielle Chanel. Ya sé que nos aturdimos de escuchar que todo se debe a ella, pero si se considera que el siglo XX comenzó formalmente con la Primera Guerra Mundial, el cambio de paradigma en el diseño se da con y gracias a Chanel. Fue ella la encargada de “secularizar” el color negro, de sacarlo de los cajones, de los cementerios, de la religión, y claro, también de las trabajadoras domésticas (de las pocas situaciones donde una mujer vestía de negro). También le quitó la exclusividad masculina. Lo puso a la vista de todos y a cualquier hora del día. Pronto se empezó a imitar esta modalidad y vestir de negro dejó de ser algo ajeno para convertirse en la vestimenta de la mujer que se considerara elegante.

Foto: Death Becomes Her. MET Museum

Así llegamos al punto de poder decir que el color negro logró reconvertirse en un color democrático. Si bien su historia nos lleva a que era el color usado por los reyes católicos, con telas extremadamente caras, el tiempo lo ha puesto en distintos contextos. Fue el color elegido por los protestantes para diferenciarse con su austeridad del púrpura y rojo del Vaticano, también se lo asociaba a las brujas y todos sus demonios a fines del siglo XVII, de los románticos del XIX, y más tarde, el color de los uniformes que usaban las niñas en el orfanato de la abadía de Aubazine a finales del siglo XIX.
Atravesar todos los preconceptos, romperlos y con ello armar un nuevo vestido, corto (digamos midi) y negro que se convirtió en icono, es sin dudas revolucionario y un logro que todas le debemos a Chanel. Y que hoy sea una prenda que la puede usar cualquier persona, sin importar cuánto se haya invertido en ella, es lo que ayuda a consolidar el carácter democrático e inclusivo del color negro.

Imagen: Vogue

Cuando hablamos de inclusión, debemos plantearlo desde otra faceta. Todos sabemos que hay colores que le quedan mejor a las rubias, otros a las morocha y también con la pieles en todas sus tonalidades. Pues el negro va bien con todas las combinaciones de colores de pelo, de la piel, de ojos, inclusive con los colores de otras prendas. El negro no deja a nadie por fuera.

Foto: Tommy Ton

Hay otro carácter del negro que me gusta mucho. Nos da una pertenencia como ningún otro color. Un caso simple: ¿a cuántas les pasó que le pidieran POR FAVOR, no vengas de negro a tal casamiento o X evento? (porque esto nadie se lo pide a un hombre). Pfffff… Es algo que se medita, se ven opciones, das toda la vuelta y al final, caés con un coqueto vestido negro. Entonces dispersas por ahí ves a aquellas que seguramente pasaron por el mismo viaje que vos, y aunque no las conozcas, te miras con cierta complicidad, que no es lo mismo que ver a otra persona con el mismo vestido, no, no. Ahí hay algo que te hermana con las otras. Nos dieron una regla y la rompimos, y no nos importó.

Foto: Harper’s Bazaar

La rebeldía es lo que caracteriza a este color en el siglo XX. Tratemos de avanzar a la segunda mitad de este siglo, veremos como la leather jacket materializa este concepto con los rebeldes con y sin causa de los 50s . Pero es a fines de los 70s y comienzo de los 80s que se da una nueva interpretación del negro. Jóvenes que eran ignorados por un sistema que no contempla sus necesidades, generan diferentes subculturas. Llegaron los punks, y esa chaqueta negra volvía a ser bandera. La historia es más que conocida.

Foto: Christian Schultz (c)/ Lehmstedt Verlag
Foto: Man Repeller

Ciertamente el negro sufrió una nueva vuelta de tuerca cuando en 1981, cuando Comme des Garçons hizo su debut en París. De nuevo una mujer venía a desarmar los códigos de la moda, para dar con una nueva forma y concepción del cuerpo y a vestirlo sin colores, de total negro (“Yo trabajo en tres tonos de negro” llegó a decir) en una época en la que había caído en desuso. Excentricidad, rebelión, misterio y arte, y todo aquello que nos remite a lo ajeno, es lo que la llevó a que la catalogaran de anti-fashion. Que digan lo que quieran, pero el negro volvía por un nuevo reinado. Más tarde Rei Kawakubo se cansa de la popularidad que logró este color,  y declara que el negro ha perdido su poder: Red is Black. Aunque la realidad es que ella no se pararía muy lejos de él, y en 2009 vuelve a su color, como una respuesta a la negatividad de la época lanza la línea Black, una marca temporal que considera una emergencia para estos tiempos.

Comme des Garçons ’80s

Influencia para las generaciones venideras, el negro tendrá una importante presencia en las siguientes colecciones de McQueen, Gaultier, Louis Vuitton, Lanvin, Yves Saint Laurent, y marcará nombres como Rick Owens, Martin Margiela y Alexander Wang.

Foto: MET Museum

La historia dirá cómo será catalogado el negro en este siglo XXI, cómo nos relacionaremos con él. Al fin y al cabo, vestir de negro no es tan sólo una etapa en la vida, siempre será una forma de enfrentar al mundo.

Foto: Man Repeller